El Cazador y su Presa

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Ojos negros como la noche me miraban desde el fondo de mis parpados ocultos tras el manto de la oscuridad; siento su mirar analizándome, leyéndome como un libro abierto, le gusta lo que ve, sus ojos brillan de excitación; no es temor, no es odio ni amor, simplemente es negrura sin color ni emoción por lo que observa en mi.

Poco a poco la niebla empieza a desvanecer permitiéndome ver una sonrisa malévola de dientes blancos con dos lanzas en sus caninos; hipnotizada por la visión sonrío de vuelta sintiendo un delicioso escalofrío recorrer mi espalda y brazos lamiendo mi cuello, un olor embriagante turba mis sentidos, es dulce y empalagoso nada parecido a lo que haya probado u olido, sin embargo disfruto del olor.

La luz le da puerta abierta a ver el rostro del dueño de aquella sonrisa; es un hombre de cabellos castaños de piel blanca como la luz de la luna que se formó en el cielo, ya no me encuentro en el cálido prado de mi casa, es un bosque oscuro iluminado por la luz nocturna.

El hombre se mueve a velocidad rápida, mis ojos no logran diferenciarlo de la mancha borrosa de su sombra; como a Bella Durmiente posa sus labios fríos sobre los míos y la nube oscura empieza a desaparecer despertando mis sentidos, puedo moverme; al abrir los ojos, el sol brillante de la mañana donde me había acostado los hiere.

De la nada una sombra se mueve entre los arbustos y asusta a un cuervo que suelta plumas negras que caen a mi alrededor.

Giro el rostro en dirección a la sombra y un dolor punzante lastima mi cuello, siento humedad en mi camisa, el miedo se apodera de mi enfriándome el cuerpo, acelerando mi ya lastimado corazón; con manos temblorosas toco el cálido líquido mojándome desde algún lugar; la cabeza empieza a doler, punzando desde mis sienes al exterior amenazando con destrozarme desde el interior.

Mis fuerzas empiezan a abandonar mi cuerpo, congelándome las venas, obligando a mi corazón a bombear con mayor rapidez pero no sirve de nada, me desvanezco como el arena en una ventisca, esta es mi muerte sin saber qué lo ocasionó.

-Dulce señora que a mi letargo quiere poner fin, le pido que me deje ver los ojos de mi cazador -susurro entre respiraciones entrecortadas.

Aquel hombre que había visto en mi sueño aparece ante mi con ojos inyectados de sangre; con temor llevo mi mano al nivel de mi rostro y mis dedos manchados con sangre se llevan el rastro de vida que quedaba en mí.

-Dulce joven que a mi llegaste como un bocadillo más, no podrá ser tuya mi existencia porque estoy marcado por una maldición; suave y tibia mujer, el dolor no será de su ser nunca más...

No logro escuchar más, simplemente la negrura me traga hasta que no siento más.

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1 comentarios

  1. Hermosa manera de afrontar la muerte, si es q hay manera hermosa de llegar a ella.

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