El Otro Lado

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Quizá estamos malditos o quizá no; mi existencia mortal no la recuerdo, hace mucho tiempo que la dejé atrás, simplemente busqué más allá de lo aceptable para cualquier persona y caí en las fauces de un depredador más letal que cualquier otro.

Fue una mujer quien lo hizo, ella llegó como un borrón de la nada y se aprovechó de la fragilidad humana en la que no importa si se es hombre o mujer, contra ellos nadie podría.

Me cazó en las sombras, caminó detrás de mi aquel fatídico día, estudiando cada paso que daba; podía sentir su presencia como una segunda piel. No pasó mucho tiempo desde que comenzó a jugar conmigo, acechándome.

Ser fuente de alimento para ella no dolió, lo que sí lo hizo fue la transformación; mi cuerpo hervía, las venas estallaban en llamas, pero eso no fue lo peor, mi piel se sentía como estar siendo desprendida.

"Mientras más rápido te arranques la piel, más rápido terminará" la voz melodiosa de la mujer me susurró al oído con un toque divertido en ella.

No estaba seguro de si era verdad o no, pero mis manos volaron a mi pecho rasgando la camisa, e inmediatamente enterré las uñas en mi piel y esta comenzó a caerse como si se tratase de algo extra, y en lugar donde ya no había piel humana se apagaban las llamas; así que dejando de lado el temor comencé a arrancarme pedazos grandes.

Cada puñado caía al suelo hecho polvo, como el de un cadáver viejo; pasó poco tiempo antes de deshacerme de todo, quedando completamente desnudo con una quemazón en la garganta y un cuerpo renovado.

Me senté de golpe y miré a mi alrededor, todo estaba tan claro como si fuese iluminado por lamparas, pero en realidad estaba en un callejón oscuro. La mujer me tiró una capa oscura y grande.

"Cúbrete, iremos a cazar. De ahora en adelante seguirás todo lo que yo te digo o te dejaré al aire para que otro te mate" Sintiendo miedo asentí.

***

Luego de eso ha pasado mucho tiempo, mi edad corresponde a tres generaciones. Continúo solo como lo estaba en mi humanidad, pero ahora es diferente, Sonhara continúa conmigo, ella es mi maestra, mi amiga, y su amante es quien nos dirige; el grupo creció, en este mundo oscuro convertirse en ermitaño es fácil y ni siquiera somos conscientes de ello. Esa fue la razón por la cual Sonhara me transformó y también lo hizo con el resto del grupo.

Y ahora aquí estoy, el sol se ha ocultado y podemos salir a jugar, cazando para sobrevivir, alimentar esa parte de mí que se convirtió en un animal irracional sediento de sangre.

Ella cruzó frente a mí, su olor a rosas me atrajo como un imán a otro, su cabello rubio flotó en el aire con su trotar. Ella era hermosa, pero no lo suficiente como para transformarla; el vestido se le pega a la piel despertando mi deseo no solo de su sangre; sus grandes orbes azules me miraron de reojo y sonrió; no pude evitarlo y le sonreí de vuelta; ella se detuvo y me miró.

"Te he visto en algún lado" me dijo estirando la mano en saludo; la tomé y le di un pequeño apretón.

"No creo haberla visto" le respondí soltándola.

"No ahora, me refiero a años atrás, yo era una niña cuando fue a mi casa acompañando a mi padre"

"Eso es imposible, si fuese cierto, ahora tendría muchos años más"

"Sé su secreto, mi padre me lo dijo" ella sonrió dando un paso atrás y yo lo avancé.

"Qué padre tan sabio y molesto, ahora no será tan divertido"


Disfrutando del poder me moví con rapidez deteniéndome detrás de su espalda, cerrando la mano en torno a su cuello; su pulso latía acelerado, acrecentando su olor y mi sed.

Ella luchó y pataleó tratando de huir, de zafarse ¿Es que no entendía que era su fin?

La solté para mi disfrute. Ella comenzó a correr con sus zapatos de tacón y el vestido largo lamiendo el suelo, alertando a la gente de que alguien la perseguía. Le permití ser feliz pensando que se escaparía.

Algunos minutos después seguí el camino por el cual se había ido, su esencia me guiaba como su fuesen antorchas en un pasillo.

Detrás de una cantina la encontré acuclillada, ella tapaba su boca para que no se escucharan sus sollozos, pero eso no serviría de nada, igual la mataría y la callaría para siempre.

Me detuve frente a ella y tomándola del cabello, tiré obligándole a levantarse; sus ojos llenos de lágrimas suplicaron silenciosos, pero no funcionaría, nunca lo ha hecho. Con una sonrisa divertida le mostré mis armas, aquellos colmillos filosos que aparecían cada vez que lo anhelaba.

Con el puñado de cabellos en mi mano, le obligué inclinar el rostro, mostrándome aquel sitio perfecto para alojar mis colmillos. Inspiré su fragancia por última vez antes de morderla y beber el dulce néctar de su cuerpo, eso que le daba vida y que yo tanto deseaba y disfrutaba con cada trago.

Dejó de luchar, simplemente se desvaneció cuando estuvo vacía.

La tumbé en el suelo frío y la observé. No sentí remordimiento, hace mucho tiempo que no lo hacía; simplemente saqué unos cerillos y los tiré sobre su vestido que se prendió como si de combustible se tratara. El cuerpo se consumió tan rápido al igual que lo hace una solitaria hoja.

Limpié mi boca y continué mi camino, la sed se había apagado por ahora.    

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