Obsesión (Feliz Halloween)


Se dice que era obsesiva e incluso un poco compulsiva; pero quién no lo es siendo adolescente.

2008

La fiebre por los vampiros llegó como la fiebre amarilla en su época, tumbando a la mayoría de los adolescentes y adultos. Ella no se salvó de caer en las garras, o mejor dicho, en los colmillos de la fiebre oscura. Todo lo que le rodeaba era sobre ellos, al punto de pasarse noches enteras buscando información sobre vampiros, incluso sabía con qué nombres se los conocía en todos los países y que formas tenían.

Pero ella no iba por la vida de los famosos actores que interpretaban los papeles de los señores oscuros; ella iba cazando a los chupa-sangres originales, añorando convertirse en uno de ellos, queriendo tocar la inmortalidad, el lado sexy que prometían todas esas historias. Sin embargo lo que más deseaba era toparse con los Varacolaci. Los reyes de los vampiros, los más poderosos con la capacidad de provocar eclipses lunares y solares a su antojo, e incluso trasladarse astralmente sin que el mundo le importase una mierda.

Buscó en Internet. Cada grupo que encontraba se unía con la única meta de alimentarse de información para encontrarlos. Era como si no existiera mañana, cada palabra que se dijera de ellos en las conversaciones la absorbía como si se tratase de una droga o incluso de la misma sangre. Se sentía mejor luego de agotarse frente al computador y alimentarse de esas pistas que la dirigían allí. Con ellos.

Todo un año corriendo de un lado a otro, consumiendo todo a su paso haciendo que incluso la escuela fuese un fastidio por quitarla de su fuente de pistas, aquello era lo único que le atormentaba. Dependía de sus padres, y si no tenía buenas notas ellos no le darían la libertad de ir a cada convención que se suscitaba en las ciudades aledañas.

***

Parliament Hill, en el norte de Londres, allí se había realizado la última convención del mes; estaba emocionada, todo había sido espectacular, habían creado hipótesis, formas de encontrarlos, e incluso inducirles para que les transformaran en uno de ellos.

La tarde llegó llena de sombras, el día había sido extrañamente oscuro, el sol se había mantenido sobre las nubes.

Pensativa en lo jodida que estaba siendo, en lo extraña que se había convertido, en que sus amigos se habían alejado, sus padres le miraban raro de vez en cuando, e incluso el perro era su enemigo —tal vez se debía a que lo dejó sin comer dos días—; comenzó a adentrarse en el bosque, siendo escondida por las sombras del alto follaje.

Caminó sin rumbo, simplemente esquivaba las ramas y rocas que se le atravesaban, pero a cada paso que daba, sentía que alguien le seguía de cerca, escuchaba el crujir de las hojas debajo de pies que no eran los suyos. Un poco desorientada y asustada, se dio la vuelta y no encontró absolutamente nada, solo más arboles cubiertos por la fina capa de nieve de la noche anterior.

Continuó caminando en línea recta y cada cinco pasos giraba sin detenerse. Quizá un kilómetro más adentro se encontró a un chico no más mayor que ella, de cabello castaño rojizo, de cuerpo atlético y cruzado de brazos, recostado contra el tronco grueso de un árbol. Él le miraba con unos ojos verdes esmeraldas extrañamente brillantes.

"¿Por qué me sigues?" preguntó haciéndose la valiente, evitando que su corazón le saltara del pecho y saliera corriendo.

"No te sigo, simplemente quiero caminar detrás de ti" ella chasqueó la lengua y levantó el rostro haciéndole frente.

"Eso se llama seguir. No pareces muy inteligente" se burló de él y este gruñó con un sonido bajo.

"Lo dice quien se adentró en un bosque completamente sola, a las puertas del anochecer" como una niña pequeña le sacó la lengua y él sonrió ladinamente.

"No tengo miedo a los nerds como tú. Sé defensa personal" él rió con una voz rica y sensual que le hizo erizar la piel de todo el cuerpo.

"¿Me llamas nerd, cuando eres tú la que se pasa horas frente al computador investigando?" bufó enojada e hizo un mohín.

"Eso no lo sabes, quizá te estás describiendo"

"Estoy completamente seguro; Emily. Te mantenemos vigilada" se tocó la barbilla con el índice "puedo decir que soy quien te observa día y noche"

"¿Quién eres? ¿El gobierno? Yo no estoy rompiendo ninguna regla" susurró un poco temerosa. Si la encerraban en prisión, sus padres morirían de la rabia.

"No me he presentado como es debido" se acercó a paso perezoso y extendió la mano frente a ella "Hudson" la tomó y asintió. Sus manos estaban frías, pero eso no significaba nada, todos tendrían frías las manos si no llevaran guantes, como él hacía. Incluso ella iba sin guantes.

"¿Me dirás quién es tu gente que envía a vigilarme?" él se encogió de hombros soltándole la mano.

"Somos a quienes buscas con tanto ahínco. Por los que perdiste a tus amigos" él se inclinó y le susurró al oído; su hálito frío le recorrió la espina dorsal provocándole que se estremeciera.

"Te vi en el grupo, solo estás aquí para jugar conmigo. Yo no tengo tiempo para ello" Hudson sonrió mostrando sus dientes blancos y perfectos.

"¿Qué ganaría yo jugando?"

"Regodearte con tus otros amigos nerds"

"¿Quieres que te muestre la verdad?" asintió "pero no hay marcha atrás" advirtió extendiendo su pálida palma en su dirección. "si te lo muestro, tendrás que ser transformada o la otra opción será…".

"¿Cuál es la otra opción?" se mofó.

"Matarte"

"Muéstramelo" dijo seria, pero al instante rompió a reír.

Lo vio cerrar los ojos por unos segundos y al abrirlos, ya no eran verdes. El rojo brillaba en sus pupilas por la poca luz. Él sonrió disfrutando de su reacción. Sus dientes normales como los de cualquier humano cambiaron; de sus encías salieron unos colmillos filosos como cuchillas y recubrieron los caninos, mientras que los otros se volvían más afilados.


Terror, todo eso era como estar viendo una buena película de terror; y siguiendo la lógica, hizo lo que todos habrían hecho ante la seriedad de la escena. Salió corriendo como un rayo.

Ramas le arañaban la piel pero nada importaba o dolía, la adrenalina estaba a mil recorriéndole el cuerpo, latiéndole en las sienes. Tenía los ojos un poco nublados. Se los tocó y vio las lágrimas de miedo.

Tal vez corrió un metro, un kilómetro o una milla bosque adentro, pero sus músculos ardían. Una raíz se atravesó entre sus pies y cayó de bruces sobre el lago; Sacó la cabeza del agua y vio que un líquido rojo le cubría los ojos, se enjugó y miró el lago. El agua ya no era trasparente, era sangre.

Con miedo y desesperación limpió su rostro con las mangas de la chaqueta mientras lloriqueaba. Quería salir de allí, quería despertar si eso era un sueño.

"Creí que eras más inteligente" él chasqueó la lengua sentándose al borde del lago "las ilusiones son como un montaje de computadora, desaparecen si presionas un botón”. Tocó el agua y ante sus ojos esta se volvía transparente. "Contigo tendremos mucho en que trabajar. Enseñarte a protegerte de los perros".

"No diré nada, pero déjame ir" suplicó angustiada.

"No creíste que encontrarte con uno sería así ¿verdad? Imaginaste rosas y arco iris" dio una carcajada alta "muchas películas trastornan al público"

"Por favor" susurró.

Él colocó dos dedos debajo de la barbilla y le obligó a mirarle a los ojos. Sus orbes rojas ahondaron en su mente, leyendo, estudiándola; incluso podía sentirle moviendo cada recuerdo.

Bajó el rostro y le dio un beso rápido en los labios antes de tomar un puñado de cabello y tirar hacia atrás dejándole el cuello libre. Luchando por liberarse, Emily forcejeó con él, empujándole, golpeándole; sin embargo nada cumplía su prometido.

Hudson estaba deseoso de sangre, necesitaba probarla. Había pasado un largo año detrás de ella, vigilándola como un guardaespaldas. Los perros estaban detrás de ella y sus jefes estaban completamente obsesionados con obtener todo lo que los hombres lobos querían. Hasta que finalmente le dieron la aprobación, pero no de transformarla, sino de alimentarse y matarla; sin embargo no lo haría. La transformaría para él, había visto su lado rebelde y salvaje. Una vez como vampiro, ella sería toda una fiera en la cama.

Hundió los colmillos en la frágil piel desgarrando la arteria carótida sintiendo el dulce sabor de la sangre llenándole la boca, rompiendo la barrera de la cordura adentrándose en la bestia que eran al probar sangre, despertando su libido. La apretó en torno a su cuerpo, sintiendo la suavidad de su feminidad.

Bebió de ella hasta que estuvo casi seca. Hasta que en su lengua tuvo el sabor dulzón empalagoso de los últimos resquicios de su cuerpo tratando de crear sangre que hacía a su cuerpo enviar más ponzoña a su presa.

Ella gritó haciendo que el bosque vibrara y las aves salieran volando asustadas. Sintiendo la tentación de beber hasta la última gota, la dejó caer al suelo sin importarle que se lastimara. Él se sentó en el tronco del árbol caído a la espera de que todo pasara y poder disfrutar de su premio.

Emily sentía quemarse por dentro, cada partícula de piel le estorbaba. Los alaridos que lanzaba al aire resonaban en sus oídos, al igual que el latir desenfrenado de su corazón.

“Debes arrancarte la piel” escuchó decir al hombre que la miraba. Asustada negó fervientemente con la cabeza “si no lo haces, el proceso será más largo y doloroso”.

Le importaba una mierda si demoraba o dolía más, no se arrancaría la piel, eso era imposible.

El tiempo fue irrelevante, no veía si salía el sol o la luna, todo estaba oscuro por las copas de los arboles. Siendo una agonía, actuó por impulso y sus manos corrieron al cuello de su sudadera y lo rasgó con fuerza, llevándose con ella grandes pedazos de piel que se convertían en polvo una vez que se separaban de ella.

Cuando hubo completamente desnuda y tras haberse arrancado toda la piel, las llamas se detuvieron como si se hubiese apagado la estufa. Abrió los ojos y todo era extraño, desde los colores hasta la textura.

Se levantó sin siquiera pensarlo y se encontró con el hombre mirándola de arriba abajo relamiéndose los labios y un bulto en su entrepierna. Inmediatamente sintió su núcleo necesitado, se sentía caliente y mojada, pero la garganta le ardía y la sentía seca.

“¿Qué está pasándome?” preguntó mirando su cuerpo pálido y desnudo, incluso sus pezones estaban erguidos y sensibles al aire que la rozaba.

“Eres una criatura encantadora y sexy” él se mordió el labio inferior. “Tienes sed y estás hambrienta de una buena follada”

“¿Cuándo terminará todo esto?” él le sonrió “¿La sed? En uno o dos meses; ¿el hambre? Nunca”.

Lo vio moverse con rapidez y tomó sus labios en un beso hambriento mientras se desnudaba sin separar sus bocas.

La arrinconó contra un árbol y la levantó del suelo adentrándose en ella de un tirón y comenzó a embestir como poseso logrando que la nieve cayera y muchas hojas fueses arrastradas hacia abajo. Sus embates eran rudos y la animaban a seguirle el ritmo, frotando su botoncillo de sensaciones contra la pelvis de él. Se aferró a la espalda de Hudson arañándolo ocasionando que él se volviera más salvaje.

Estando a punto de llegar el cielo; tocar el nirvana, le mordió el cuello y sangre emanó de la herida, alimentándola y guiándola a un lugar de placer carnal. 

La luz de la luna que iluminaba el cielo se convirtió en una mancha rojiza.

Un eclipse.

Ella era una Varacolaci.


2012

Cuatro años desde su conversión. Ella aprendió a controlar a la sed, a mantenerse alejada del sol y de los perros, sin embargo su libido continua al límite, teniendo a Hudson para complacerla.

Los jefes o realeza habían tomado su ingreso a la raza como algo novedoso y sin problemas, y desde el primer instante Hudson la había reclamado como suya, nadie más podría tocarla y los reyes aceptaron eso y dijeron a los otros que ella era prohibida.

“Halloween” le susurró Hudson al oído mientras le acariciaba el cuello con la nariz mientras estaban acostados en la habitación de su guarida.

“Hermoso día para cazar todo tipo de criaturas” ella rió y se frotó contra él que ya estaba duro por tenerla una vez más.

“Pero lo más divertido es cazarlo, arrinconarlos y compartirlos” le mordió el lóbulo de la oreja.

“Feliz Halloween” ronroneó Emily girándose a besarlo.

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