Perfección

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Sentados frente a frente, ella con una taza de té entre sus manos mira al hombre de rizos castaños que tiene una copa de ron jugando entre sus dedos.

—¿Para qué me has citado aquí? —ella le pregunta antes de darle un sorbo a su bebida.

—Para lo único que podemos hacer; conversar.

—Un lugar público no es la mejor elección, Mark.

—¿Cuál es? —él le pregunta queriendo tocarle el antebrazo cubierto por la sudadera.

—Lejos de la gente; algo más...

—¿Solitario? —le interrumpe queriendo tocarla, pero ella aleja la mano.

—Iba a decir, más íntimo.

—Ciara —se levanta del sillón y se sienta a su lado tomándole la mano—, sé lo que está pasando.

Con miedo de ser descubierta, tira de la capucha sobre su cabeza cubriendo el cabello corto y disparejo.

—No debes temer de mí —le acaricia la mejilla pero ella trata de alejarse.

—No me toques, por favor —ella pide separándose unos centímetros de él.

—Mírame, soy yo, Mark. No he cambiado —él le sujeta la barbilla y le obliga a mirarle; sus ojos azules zafiros siempre brillantes están opacos ahora.

—Eres perfecto —susurra dejando que una lágrima resbale por su mejilla.

—Sigo siendo el mismo.

—Llévame a casa —Ciara pide levantándose y soltando unos billetes sobre la mesa de centro del lujoso café.

—No huyas de mí.

—Solo llévame a casa —pide gimoteando.

El camino en el auto es silencioso, solo el murmullo del radio rompe con cuchillas el frío entre los dos.

Llegan a la puerta de la pequeña cabaña donde a ella se le obliga a vivir y como si fuese pinchada con un alfiler, Ciara sale del coche con rapidez.

—Necesito hablarte, Ciara. Te extraño.

—Puedes continuar llamándome hasta que te olvides de mi —ella se rodea con los brazos queriendo mantener el calor.

—Nunca haría algo así.

—Eres perfecto, Mark, yo no lo soy; vivimos en mundos diferentes.

—Eso no significa que no podamos seguir juntos, eres mi amiga.

—Ese es el problema, solo amigos, no habrá lugar para más; no cuando no soy hermosa.

—Lo eres para mí, siempre lo has sido —él acorta la distancia que los separa y le baja la capucha—, me gustan tus defectos. A mí me cambiaron el rostro, pero no el corazón —le coge la mano y la posa sobre su pecho—; sigo siendo de carne y hueso.

—Eres lo que yo no podré ser, perfecto.

—No me importa la perfección si no puedo tenerte a mi lado.

Él le toma la otra mano y la pone en su mejilla.

—Somos iguales, no importa lo que el mundo diga —baja la manga de la sudadera y descubre las cicatrices en su antebrazo—, las mías continúan conmigo, detrás de todos los cambios —besa las marcas—, mi corazón también late dolorosamente. Si hubiera sabido que no te tendría conmigo, no habría aceptado, hubiera huido contigo lejos.

—No soy hermosa para ti.

Él le sonríe y mete los dedos entre su cabello negro que cortó en un arranque de desesperación.

—Eres más hermosa que las perfectas porque aún mantienes intacto esto —le señala el corazón—, todo pierde el valor si no se hace con amor, y eso es lo que aún mantienes puro.

—Tengo miedo, estaré sola por ser diferente, por no poder cruzar ese puente que nos separa —Mark le sonríe mostrándole sus dientes perfectos.

—Siempre me tendrás contigo. No me importa si el mundo trata de alejarnos; siempre estaré aquí, atormentándote cada minuto y segundo.

—¿Por qué lo harías?

—Porque te amo. Ellos tratan de controlarnos como marionetas, pero tú y yo cortaremos esos lazos y viviremos nuestra propia vida. No me importa la perfección. Solo tú.

Una amistad de años separada por la barrera de la “perfección” creada por la sociedad puede sobrevivir si se cruza aquel puente de las etiquetas, solo hay que cerrar los ojos y escuchar al corazón; muchas veces los ojos engañan al ver algo brillante a lo lejos, pero cuando se ve de cerca son cristales fríos que lastiman lo verdadero.
Las personas no somos marionetas, debemos cortar esos lazos y permitirnos vivir mezclados entre la belleza física y la belleza del alma, porque si existe solo una de las dos, el mundo se caería a pedazos.
Relato corto inspirado en la saga "Los Feos" de Scott Westerfeld.

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