Ya no es una Gatita

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Izz miraba la dedicación con la que Amy preparaba el desayuno para Damien; era el domingo especial que llevaba esperando dos años, ahora estaba más grandecita, ella sola había despertado temprano para sorprenderlo con un desayuno en la cama, pero al no poder hacerlo por sus propios medios, Amy había entrado de puntillas a la habitación y le había despertado con la ilusión bailando en sus ojos.

—¿Mami —Amy levantó la mirada hacia ella—, crees que le gustará?

—Le encantará tanto que querrá que le prepares el desayuno todos los días —su hija soltó una risilla y negó.

—No, no, solo hoy.

—Solo hoy —ambas rieron.

—Cuando Evans sea más grande, como yo —se señaló a sí misma, ensuciando su pijama— ¿Él me ayudará?

—Tú le enseñarás —ella comenzó a dar saltitos festejando en silencio para no despertar a Damien, pero Izz sabía que él ya no dormía, casi siempre que ella se levantaba de la cama él despertaba al instante.

—Mira, mami —Amy levantó las manos mostrándole las grageas de colores pegadas a las palmas—, tengo arte.

—Muy bonito. 

Entretenida con Amy, quién se comía las gotitas de chocolate mientras trabajaba, se levantó de golpe al escuchar pasos en la escalera.

—Quédate aquí, muñeca. 

Depositó un beso en la coronilla de su hija y caminó decidida a la sala de estar, encontrando a Damien buscando las llaves de su coche.

—¿Dónde vas? —se cruzó de brazos mirando a su señor vestido con jeans, tenis y una camiseta que se pegaba a su cuerpo.

—Debo trabajar, ¿Has visto mis llaves? —Izz caminó hasta la mesita al lado del tazón de llaves y removió el adorno, mostrándoselas. Él estiró la mano con la palma arriba, pero ella simplemente negó.

—Hoy no saldrás —sabía que perdería la batalla si le daba oportunidad de que le quitara las llaves, por lo que se paró en la puerta y escondió las llaves tras su espalda. 

Damien arrugó el entrecejo y le miró de aquella forma que hacía a su piel erizarse, ordenándole con aquella mirada gris azulada que hiciera lo que le ordenaba.

—Izz —ella negó repetidas veces.

—Dame una buena razón para no enojarme contigo —tomó una profunda respiración y cuadró los hombros.

—Allá en la cocina hay una niña que está preparando el desayuno para su papá, no quiero ver desilusión en su rostro otra vez, lleva dos años preguntándome dónde estás el día del padre, así que, irás allá arriba —señaló las escaleras—, te cambiarás por un pijama, te meterás a la cama y actuarás sorprendido, porque si no lo haces, me enojaré contigo y me iré con mis hijos —lo vio cambiar su expresión de diversión por seriedad.

—No te irías. 

—Damien, ahora me importa una mierda el dolor que podría causarme, cuando me conociste era una gatita, pero crecí, ahora tengo dos cachorros, por lo que la leona puede matar al león por sus cachorros.

—Tus palabras te están metiendo en problemas, Izz —ella chasqueó la lengua.

—No me importa si me castigarás por ello, lo único que me importa es no ver una expresión triste en ella. Así que levanta el trasero de allí y ve a la habitación. 

Él hizo un mohín y se acercó a ella con pasos felinos hasta quedar frente a frente; sus manos se cerraron entorno a sus caderas, recorriendo un camino ascendente por su espalda, tomando un puñado de cabello, tirando de él para que levantara la cabeza antes de tomárle los labios en un beso duro. 

—Nunca podrás dejarme —le mordió el labio inferior—, eres mía.

La soltó y se fue escaleras arriba, dejándola con la respiración superficial mientras sus mejillas se teñían de rojo; con una sonrisa en los labios se cubrió el rostro con las manos.

—Mami —el tiempo de calmar su corazón había pasado.


Minutos después Amy subió a su lado mientras ella llevaba la mesita; abrieron la puerta lentamente, primero Amy metió la cabeza y comenzó a reír.

—¡Feliz día, papito! —gritó entrando de un salto, haciendo que la puerta se golpeara con la pared, asustando a Evans que estaba en las manos de Damien mientras jugaba con él.
 
—¿Para mi? —la pequeña pelirroja asintió repetidas veces.

—Yo lo hice.

—Entonces vamos a probarlo, dolcezza —Damien se sentó, recostándose contra la cabecera de la cama, sentando al bebé a su lado mientras Amy se sentaba al otro lado y ella colocaba la mesita.


Ese día él permaneció en casa, siendo mimado por la niña de ojos iguales a los suyos, pero no solo eso, en la tarde llegaron todos los que conformaban su familia, sus suegros, Josh y su familia, incluso había llegado Tyler desde Italia.


—Lo estaba jodiendo, ¿verdad? —Damien le preguntó pasándole los dedos por las costillas, erizándole la piel, disfrutando en tenerla atada en la cama con los tobillos y muslos juntos, y las manos atadas al cabezal de la cama. 

—Solo necesitabas verlo —murmuró cerrando los ojos ante su toque.

—Es perfecto que me hayas hecho notarlo —le besó en el cuello y ella contuvo el aire—, pero eso no quita tu actitud y vocabulario.

—Mi señor —susurró consciente de lo que pasaría.

—Este es tu castigo, Izz, dormirás así, no te moverás —él le depositó un beso en los labios—. Te amo, nena. Buenas noches.

Damien apagó las luces y ella miró las sombras que entraban por la ventana. 
Sería una noche larga.

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He llegado un poco tarde a la festividad, pero la idea de ver a Damien e Izz como pareja me ha rondado desde el sábado, por lo que hoy he tenido tiempo de escribirlo (por lo que TELO estará retrasado otro día más).

Espero que hayan pasado un excelente día con sus papitos, papacitos y papás ;)

Ariane D'Angelo
      
 

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