Radioactive

Ariane D'Angelo
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Lilith se cruzó de brazos frente a su reflejo enfurruñada, de alguna forma odiaba a Damien por meterla en ese embrollo, ya había perdido el valor que había tenido cuando él le había dicho lo de la cita, no imaginó que sería tan rápido en concertarla, apenas había amanecido cuando recibió el llamado de Izz.

—Hola —la escuchó murmurar como si estuviese cabizbaja.

—¿Izz, te encuentras bien? —preguntó imaginando todo tipo de escenarios, haciéndole temer más con la estúpida idea de decirle sí a Damien. Izz se aclaró la garganta antes de continuar.

—Estoy bien, sé que te imaginas los peores escenarios, pero no es así.

—Te escuchas como el infierno de mal —se sentó en la cama de hotel y cruzó las piernas a lo largo de esta, descansando la cabeza en la pared de almohadas.

—Solo estoy cansada, no tuve una buena noche, casi no pude dormir —se pasó la mano por el rostro libre de maquillaje.

—¿Fue muy duro como para que no pudieras dormir? —Izz rió y escuchó la risa de fondo de Damien.

—No tanto.

—Dame el teléfono —la voz de Damien se escuchó de fondo, Izz murmuró algo que no pudo escuchar antes de tenerlo en la línea—. Lilith —él pronunció como si todo el mundo tuviese que ser como Izz, seguir su voz y mandato, creyéndose superior.

—Damien —pronunció renitente a su tono de voz.

—Dylan pasará por ti a las ocho de la noche, viste algo elegante.

—¿Estás dándomelo a conocer o crees que puedes ordenarme? —él rió.

—No sé qué estás pensando, pero tómalo como mejor se te dé. Adiós.

—Damien —chilló en el instante que su mente hizo clic con la información.

—¿Sí? —nerviosamente se mordisqueó el pulgar.

—¿Cómo voy a reconocerlo? ¿Cómo sé quién es?

—Llegará en un volvo plateado, de la recepción te indicarán que él ha llegado —tomó una bocanada de aire y asintió.

—¿Y si es un loco sicópata que intenta meterse entre mis bragas? —la risa de Damien le recorrió completa, erizándole la piel, y no de buena forma, le hizo temer qué encontraría con este amigo suyo, con Dylan.

—Él intentará no solo quitarte las bragas —con eso él terminó la comunicación y ella se quedó mirando la pared celeste pastel.

Cuando hubo salido de su mente, pasó el resto del día arreglándose, buscando el vestido perfecto en las boutiques, ignorando las llamadas de sus amigas calenturientas y golpeadas que le habían llevado a un club de stripers. 

—¿Señorita McCallister? —la mujer de la recepción habló cuando hubo levantado el auricular.

—¿Sí? —posó la mano en su estómago donde parecían revolotear centenares de mariposas come corazones. 

—El señor Dylan Aldridge está en la recepción —escuchó una voz de fondo— El señor Aldridge pregunta si puede subir a su habitación —automáticamente negó nerviosa.

—No —le tembló la voz—, dígale que bajo en cinco minutos —colgó el teléfono antes de obtener una respuesta, no quería que existiera la posibilidad de él convenciéndola.

Se puso de pie y caminó al cuarto de baño, mirándose al espejo, encontrándose sonrojada con la tan solo idea de conocerlo, si ese amigo estaba tan bueno como Damien, no podría mantenerle las manos lejos, su cuerpo pediría porque la tocara, tenía más de un año sin acción entre las sábanas.

Colocó labial rojo en sus labios, resaltando su piel, haciendo contraste con su vestido negro al cuerpo con zapatos de tacón de aguja del mismo color que el vestido. Tomó una bocanada de aire antes de salir de la habitación y meterse al ascensor donde había un hombre con una camisa mangas largas recogidas hasta los codos, dejando vislumbrar en uno de los brazos un tatuaje tribal con forma de llamas que terminaba al inicio del antebrazo; fue inevitable no mirarlos, eran magnéticos, cuando levantó el rostro del tatuaje se encontró con unos hermosos y penetrantes ojos castaños, oscuros como el chocolate; en ese instante sus mejillas se sonrojaron y él le dedicó una sonrisa caliente antes de pasar la lengua en su labio inferior eróticamente, haciéndole estremecerse, poniéndola indebidamente caliente.

Sentía que el pequeño espacio se reducía más, su corazón se aceleraba con cada respiración y parecía que el ascensor bajaba con mayor lentitud, él la miraba fijamente, estudiándola, mordiéndose el labio inferior mientras la observaba de pies a cabeza, deteniéndose en su escote.

Le faltó poco para salir corriendo cuando las puertas se abrieron, pero debía guardar compostura, así que salió primero que él, quien pudo ver por el espejo frente a la puerta, le miraba el trasero sin vergüenza o pudor; decidió no ponerle atención, le esperaban doblando la esquina. 

—No deberías mirar así a las personas —volteó a mirar al tipo, encontrando sonriéndole calientemente—, mucho menos excitarte con un desconocido —estaba a punto de refutar, pero él chasqueó la lengua y negó—. Labios rojos, has salido de esa habitación dispuesta a rodear algo duro y caliente.

—¿Cómo te atreves a hablarme así, pedazo de mierda? —gruñó y él sonrió con mayor diversión; se encogió cuando él acortó la distancia que les separaban en dos pasos.

—No deberías mirar así cuando tienes una cita —una vez más intentó enviarlo a la mierda, pero él le posó el índice en los labios, silenciándola—, mi nombre es Dylan Aldridge —él tendió la mano hacia ella y solo lo pudo mirar cabreada y excitada. 

—¿Qué demonios hacías en el ascensor? —farfulló cruzándose de brazos.

—Nada —se encogió de hombros bajando la mano que ella le había dejado tendida.

—Estabas en mi piso, estabas esperándome, las puertas estaban abiertas cuando entré en el ascensor. ¿Eres alguna clase de psicópata?, porque así luces —él rió. 

—No te lo parecí en el ascensor —frustrada dejó caer los brazos y lo miró levantando una ceja.

—No puedes asegurar que en mi mente no gritaba pervertido —él le dedicó aquella sonrisa caliente y no supo que había retrocedido hasta que su espalda tocó la pared y Dylan colocó las manos en la pared a los lados de su cabeza.

—Ningún pensamiento pasó por tu mente —iba a responderle, estaba segura de ello, pero se vio asaltada por sus labios que se unieron a los suyos, adentrándole la lengua en la boca, tocándole la lengua, incitándola a bailar con la suya, acariciándole la silueta, posando la palma en su muslo desnudo, cerrándola allí, haciéndole rodearle la cadera con la pierna, sintiendo su dureza hincándole en la carne excitada.

—Estos jóvenes ya no respetan los espacios públicos —se quejó una mujer mayor; inmediatamente la nube de excitación comenzó a esparcirse, dejándole retomar la cordura. Lo empujó y se aclaró la garganta mientras arreglaba su vestido recogido, dejando a la vista parte de sus bragas color borgoña.

—Bonito —él se pasó los dedos por los labios, limpiándose el poco labial transferido—. Vamos a cenar, labios rojos, antes de arrodillarte y hacerte rodearme con esa boca. 

—No sé qué piensas, quizá estás pensando con la polla, pero no pienso salir contigo luego de la mierda de comentario que acabas de hacer, además besas como un adolescente, mucha lengua y, joder, parecías babear —él rió.

—Tú besabas como una niña mimada, pero no importa, puedo besar otro lugar y pedirás más lengua —sus mejillas se enrojecieron—. Ahora vamos a cenar —le tomó de la mano sin darle opción a refutar y tiró de ella hacia la salida donde les esperaba un taxi. 

Una vez que estuvieron dentro del taxi, quiso discutirle, pero se congeló en el instante que él colocó la mano sobre su muslo desnudo, haciendo círculos sobre su piel, acortándole la respiración, terminando con su valentía, convirtiéndola en una mujer dispuesta a solo sentir su mano comenzar a subir, mientras su dedo acariciaba la piel debajo de la tela, sin cruzar más allá del borde del vestido.

Fue un martirio llegar a una casa grande de dos plantas con un jardín delantero cubierto por césped cortado en la mañana, un camino de adoquines llevaba un porche alto color crema, contrastando con los marcos de los vidrios tintados de las ventanas; se quedó mirando sin querer avanzar, no era tonta, esa era su casa, él le había llevado para cazarla.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó retomando el sentido y valor.

—Venimos a cenar —él respondió burlándose de ella.

—Esto no es un restaurant —se cruzó de brazos, a lo que Dylan le tomó del codo y tiró de ella, guiándola por el camino de adoquines.

—En un lugar público no puedo besarte de la forma que planeo besarte, separar tus piernas y tener mi postre —su corazón saltó en un rápido latir y sus piernas no quisieron continuar caminando.

—No voy a dormir contigo —susurró y el hombre a su lado volteó dedicándole una sonrisa llena de pecado.

—No dormiremos esta noche —soltó un grito en el momento que Dylan la levantó en su hombro, acariciándole el trasero con la mano a medida que caminaba hacia el interior de la casa.

—Bájame, maldita sea —gruñó pegándole con los puños en la espalda, como respuesta sintió un manotón en las nalgas, congelándola allí.

—Vamos a jugar a mi manera —la puso sobre sus pies en el instante que llegaron al comedor donde la mesa estaba puesta para dos, habían velas rojas y champagne descansando sobre hielo—. Ahora, siéntate, vamos a cenar.

—Pero…

—Chist —la silenció levantando un dedo—. Hablarás cuando yo lo autorice.

Enfurruñada se sentó en la lujosa silla y cruzó los brazos y piernas, haciendo que el pequeño vestido dejara más piel descubierta; Dylan fue consciente de eso, solo cerró las manos en puños y desapareció por una puerta vaivén.

Miró a su alrededor y el comedor gritaba lujo, en la pared había colgado un cuadro de un pintor famoso, cuyo cuadro costaba muchos miles de libras esterlinas, las copas eran de cristal costoso, incluso el champagne lo era; se obligó a dejar de observar cuando él cruzó la puerta con un carrito y se sentó a su lado, descubriendo el primer plato, una sencilla ensalada César; colocó el plato frente a ella, pero descubrió que los cubiertos solo estaban de su lado; cuando abrió la boca para hacerle ver como tonto, él levantó el dedo silenciándola antes de tomar su tenedor, pinchar una hoja de lechuga y acercársela a la boca.

—Abre, debes comer.

—No soy una…

—Chist —gruñó empujando el tenedor a su boca; enfurruñada abrió la boca y se dejó alimentar.

Muchos bocados después y muchas canciones de Imagine Dragons, estaba ligeramente mareada por la champagne y las atenciones de él, se vio hipnotizada, observando sus perfectos labios moviéndose en un susurro mientras cantaba, haciéndole desear pasar la yema de los dedos por la sombra de barba, pasar la lengua en su cuello.

Dylan se puso de pie y posó las manos en los brazos de las sillas, inclinándose frente a ella, quedando a pocos centímetros de unir sus bocas, él se inclinó un poco más dejando su boca al nivel de su oreja, erizándole la piel del cuello con su respiración. En aquel momento sonaba Radioactive.

—Bienvenida a la nueva era —le susurró al oído antes de tomarle el lóbulo entre los dientes—, soy radioactivo, soy radioactivo —cantó con una voz sensual que le hizo humedecer.

En un rápido movimiento la levantó de la silla para sentarla al filo de la mesa, tomando una fresa cubierta de chocolate del carrito, pasándolo por su escote, dejando pequeñas marcas del chocolate; él pasó la lengua sobre su piel antes de morder la fresa y tomar un sorbo del champagne.

Enredó las manos en su cabello negro y tironeó, haciéndole gimotear, tomando eso como ventaja y besarla con hambre, mordiéndole el labio inferior, tironeando de él para luego pasar la lengua por la carne lastimada, calmando el dolor.

Cuando se separaron en busca de aire, él comenzó a susurrar la misma canción que comenzó a repetirse, pasándole una vez más otra fresa por el escote y cuello, su lengua le acarició, para detenerse un instante y romperle el vestido, dejándola atónita.

La fresa le acarició el abdomen y Dylan le dio un pequeño empujoncito, haciéndole acostarse en la mesa antes de besar el camino que recorrió la fruta achocolatada, dejando no tan suaves mordidas.

Cuando su boca se encontró con la suya, no pudo evitar aferrarse a sus hombros, rodearle las caderas con las piernas, él había sabido presionar los botones adecuados, ya no le importaba no conocerlo, solo quería que la desnudara y que pasara lo que tenía que pasar.

Dylan le rompió la lencería fina, pero lo que más le sorprendió fue en el momento que él se inclinó sobre la mesa y sacó unas esposas con cadena larga atada a alguna parte, la inmovilizó y comenzó a usar las lágrimas de la vela para esparcirla sobre su piel, quemándola, haciéndole removerse, sin embargo, en el momento que sus dedos tocaron su intimidad fue como una lluvia de estrellas fugases recorriéndola, llevándola a la cúspide.

Luego de que su mente regresó a la tierra, él comenzó a atormentarla con hielo sobre sus pezones, en la piel lastimada por la cera mientras Radioactive continuaba sonando una y otra vez, acompasando su deseo al ritmo de la canción. 

En el instante que unió sus cuerpos la canción volvía a iniciar, él comenzó a moverse al compás de la música y ella le acompañó como si se tratase de un baile, llevándoles a la cúspide al unísono cuando la canción terminó por tercera vez.

Con el cuerpo transpirado, Lilith trataba de retomar su ritmo cardiaco, pero le fue imposible, él la levantó en sus brazos y la llevó a la habitación para comenzar una vez más la seducción con la misma canción llenando toda la casa por parlantes conectados al estero. 

***

Despertó acurrucada contra su cuerpo, siendo rodeada por los brazos, sabía que era tarde, se habían quedado dormidos cuando el cielo comenzaba a aclarar.

—Vuelve a dormir, labios rojos —Dylan murmuró, pasándole la mano por el trasero.

—¿Imagine Dragons te excita? —él rió— ¿Radioactive lo hace? —Dylan la apretó más contra su cuerpo.

—Me gusta la banda, esa canción tenía un ritmo perfecto. 

—Así que eres un músico frustrado que necesita música para llegar —Dylan rió abiertamente.

—Solo te mostraba lo que el sentido auditivo puede lograr, pienso mostrarte qué tan bien se siente ser estimulado por cada uno de los sentidos. Ahora, levántate, vamos a desayunar y a hablar, ya que ayer decidiste saltar sobre mis huesos y no pude saber nada de ti.

—Fuiste tú… —la silenció con un beso profundo.

—Tú y yo nos llevaremos bien —sentenció levantándose, dejándole una vista perfecta de su trasero, Lilith se sonrojó.


©Ariana ArEd
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Hace mucho tiempo me preguntaron sobre esta pareja, bueno, esta es la primera vez que ellos se vieron en la cita arreglada por Damien en el libro Corazón de Tinta.

Felices fiestas Cuori.


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4 comentarios

  1. Aghh bueno, asi yo no lo preguntara, me encanto este regalito!!!
    Besos gigantes!!!
    XOXO

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  2. Gracias por el regalito, Feliz Navidad¡¡¡¡¡ un gran abrazo desde antofagasta - Chile

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  3. Gracias, me encanto..............Felices Fiestas...............Ahora el Cuarto Libro

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  4. Habrá más relatos sobre ellos? Me encanta esta pareja

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