Un regalo de Ariane D'Angelo

Sé que te Conozco



Nunca me detuve a pensar en la realidad, simplemente he estado aquí, trabajando todas las noches, de alguna forma soñando, sobreviviendo a un ciclo que se siente como que no terminará, es como un circulo en el que por mucho que se corre, no se llega a salir de allí.

Por mucho que me costara creerlo, él tomaba mi mano sonriéndome mientras caminábamos por una calle desconocida; no reconocí su rostro, solo era consciente de él a mi lado, un hombre guapo, alto, musculoso, una sombra de barba tocaba su mandíbula haciéndome querer levantar la mano y tocarlo, pero nada se comparaba con sus grandes ojos grises azulados, sabía que los había visto en algún lugar, los conocía, no recordaba conocerlo; era extraño, él tomaba mi mano, entrelazando nuestros dedos como si lleváramos muchos tiempo conociéndonos, sin embargo él no estaba en el registro de mi mente y eso era muy desconcertante; él hablaba, sus labios se movían mientras me miraba pero a mis oídos no llegaban sonidos de su voz a pesar de que los ruidos de la calle tocaban mis sentidos, haciéndome cuestionar sobre qué era todo ello, él movía sus sexys labios, pero mi cerebro no quería procesarlo. 

Intimidada y queriendo no lucir como una idiota, le sonreí como si él estuviese diciendo que me veía bien, aunque era probable que estuviese hablando del clima nublado que nos rodeaba.

No sé cuánto tiempo caminamos tomados de las manos, de un momento a otro dejó de hablar, solo caminó a mi lado, mirándome de reojo, dedicándome una que otra sonrisa perfecta, al igual que todo en él; fue difícil no tener el rostro sonrojado, no siempre hay un hombre caliente a tu lado sonriéndote como si fueses el regalo más grande del mundo. Nos detuvimos frente a una casa de dos pisos, realmente gigantesca, los vidrios de las grandes ventanas estaban tintados y la puerta era grande de color chocolate; él volteó a mirarme y sonreírme antes de introducir la llave en la puerta y abrirla, haciendo que mi corazón se acelerara, que mis mejillas se tornaran rojizas; de alguna forma sabía que entraría para hacer algo más que tomarnos de las manos.

La sala de estar era como me lo imaginaba, una perfecta casa de hombre soltero con un gran televisor pantalla plana, un reproductor de música, un sofá grande color gris y una pequeña mesa de madera en la que estaba un simple cenicero.

—No seas tímida, siéntate, no es como si fuese la primera vez que estás aquí —él pronunció con una voz que rezumaba pecado, grave y sexy, alertando a mi sistema nervioso, erizando la piel de mis brazos, haciéndome dejar de respirar por pequeños segundos.

Sin saber que decir ya que mi mente no lo recordaba, me senté en el sofá mientras él se acomodaba en un sillón diagonal a mí. Me miraba, estudiando cada uno de mis movimientos y eso realmente me ponía más nerviosa, haciéndome mover el pie; si fuese uno de mis personajes en esta situación el tacón de aguja repiquetearía contra la baldosa, pero era yo, usaba unos converse viejos haciendo juego con mi sudadera negra. Me repetía mentalmente que debía respirar y tranquilizarme, él decía que lo conocía, yo sabía que lo conocía a pesar de que mi mente se había cerrado.

—¿Cómo está tu trabajo, tu escritura? —me mordí el labio inferior y tomé una bocanada de aire cuestionándome una vez más quién era el hombre a mi lado.

—Bien —titubeé y mentalmente blasfemé—. Sigo en ello.

—Es raro que tengamos un año conociéndonos y nunca me hayas permitido leer tu trabajo —me encogí de hombros, no lo recordaba, no tenía como inventar algo.

—Nunca me lo has pedido —él rió sin alegría, un borde duro tocaba sus labios.

—¿Estás jugando conmigo? —negué nerviosa— Ni siquiera has querido decirme tu seudónimo para buscarte.

—Quizá tengo una razón —él asintió y tomó una mochila del suelo, una que no había notado.

—Creo que tienes razón —revolvió algunas cosas y sacó un libro tirándolo en la mesita de centro, específicamente mi libro, el que había escrito tres años atrás, en el que nada era rosas, donde el tipo zurra a la chica, donde ella se arrodilla ante él. 

—Hojas en blanco —susurré.

—Investigué un poco —él sonrió ladinamente, acelerando más mí ya acelerado ritmo cardíaco —. Fue extraño encontrar que tú, alguien que luce tan recatada, inocente, que se sonroja cuando escuchas hablar de sexo, tenga una mente tan… pervertida —mi boca se sentía como un desierto, mi lengua parecía adormecida, pero la realidad era que no tenía idea de qué responder—. Decidí darle un voto de esperanza a tu apariencia, que los libros probablemente eran insulsos, una especie de porno sin sentido, pero leer a un tipo con mi nombre usar látigos, fustas y todo tipo de ¿cómo lo llamaste? ¿Juguetes? —él sonrió, me dedicó una jodida sonrisa caliente y yo no tenía palabras, mi cerebro simplemente se había fundido, por lo que asentí muy tarde, debí negarlo, pero ya había caído— fue un shock.

—¿Te llamas Damien? —murmuré mientras mi manos se enfriaban de pánico.

—Creí que estábamos bien —volvió a sonreírme y sus ojos se oscurecieron haciendo que automáticamente me pusiera de pie y mirara la salida más cercana, pero la puerta estaba muy lejos y la escalera era la más cercana—, pero parece que ser ¿una pareja vainilla? No es suficiente —mi mente gritaba corre, mi sistema cardíaco estaba acelerado haciendo que sudor frío rodara por mi espalda y perlara mi frente.

—No sé de qué hablas —logré pronunciar y él simplemente pasó la lengua sobre sus labios.

—La mujer que me ha hecho esperar, que se ha negado a meterse a mi cama por un año, es una mujer pervertida ¿Quién podría imaginárselo? —él me sonrió y mi cuerpo comenzó a sentir escalofríos— Quizá lo que necesita es tener su propia zurra.

Lo vi quitarse el cinturón y enrollar una parte en la mano, siendo mi señal para huir, mis piernas comenzaron a reaccionar y corrí escaleras arriba, perdiendo el piso por un instante, golpeándome las rodillas antes de continuar con mi escape.

Escuché el sonar del cuero y eso me hizo correr con mayor rapidez, encontré una puerta abierta y entré cerrándola con pestillo, retrocediendo sin dejar de mirar la puerta hasta que finas tiras de cuero tocaron mis dedos, asustándome, haciéndome consciente de mi alrededor, ese era una habitación de juegos.

—Abre la puerta —le escuché decir mientras daba pequeños golpes—. ¿Lo ves? Soy un buen jugador, logré que fueses al lugar que quería.

No podía hablar, mi mente no podía formular oraciones, solo estaba allí, de pie mientras él comenzaba a forcejear con la puerta.

—¿Quieres saber lo que es estar con un Amo real? —él golpeó la puerta, logrando que esta perdiera algunas astillas— Te lo voy a mostrar.

Cerré los ojos y por muy extraño que fuese, me aferré a las tiras de cuero del flogger antes de escuchar el estruendo de la puerta cediendo, abriéndose.

Al abrir los ojos estaba en mi cama completamente sola, mi ritmo cardíaco acelerado como una locomotora y el sol se filtraba por mi cortina color borgoña. 

Fue solo un sueño, uno muy real.

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Espero que les haya gustado, este es un sueño que tuve hace varias semanas, no sabía cómo abordarlo, pero aquí está; aún acelera mi ritmo cardíaco mientras lo recuerdo. 

Paso para desearles un magnifico inicio de año 2015 y agradecerles por continuar conmigo un año más.

Felices fiestas.

Ariana ArEd - Ariane D'Angelo 

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2 comentarios

  1. Feliz año a ti tambien!!!! Que todas tus metas se
    cumplan y que este sea un muy bonito año para ti!!!
    Besos y abrazos gigantes!!!
    XOXO

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  2. Muy bonito muchas gracias

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