Otro Mundo

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Albert Einstein dijo que por lo menos habían cuatro dimensiones, que la cuarta dimensión era la del tiempo-espacio, y eso quería creer Belice al ver en el espejo de su habitación el reflejo de una joven igual a ella, vistiendo de forma diferente, con ropas oscuras mientras ella usaba un simple vestido color crema, diferenciándola más con su cabello cayendo lacio y el de la mujer del reflejo era lleno de rizos sujetos en una cola de caballo, en una habitación como la suya pero sucia. 

Completamente estoica miró boquiabierta mientras la mujer del reflejo se pasaba la mano por el cabello hasta tocar su espalda y desenvainar una espada, apuntándola hacia ella; como acto de conservación retrocedió evitando que la hoja le cortara, sin embargo esta no pudo atravesar el vidrio, haciéndole notar seriamente la vestimenta de la mujer como ella; en sus muslos se abrazaban fundas de armas que lucían realmente amedrentadoras al igual que las de las fundas que se amoldaban a su torso, escondiéndolas debajo de sus brazos.

Vio los labios de la mujer moverse mientras sacaba una de las armas nueve milímetros de su funda en el muslo y apuntaba hacia ella completamente exaltada, lucía como si estuviese gritando, haciendo que sus rizos saltaran.

—¡No puedo escucharte! —gritó levantando las manos para que viera que estaba desarmada.

Ella volvió a hablar antes de apretar el gatillo; las balas no penetraron el frágil vidrio, fue como si ni siquiera lograse tocar el de ella—. Detente, detente —rogó moviendo los labios para que intentara leerlos.

—¿Quién demonios eres? —logró leer en los labios de la mujer de rizos.

—Belice —gritó. El reflejo movió la cabeza y se tocó la oreja, indicándole que no lograba escucharle. Levantó el dedo pidiéndole que esperase mientras buscaba un cuaderno.

"Mi nombre es Belice" escribió con letra pulcra y bien formada. La mujer al otro lado del espejo levantó la mano mientras levantaba del suelo una sábana andrajosa llena de huecos y manchada con lo que parecía ser una sustancia casi negra; cuando encontró lo que buscaba se enderezó y le mostró algo parecido a un cuaderno, pero este tenía cubierta de cuero maltratado que tenía cosidas unas hojas que no pertenecían a la misma clase de cuadernos, era una recopilación de hojas sucias y rotas. La observó escribir antes de mostrarle una caligrafía que pertenecía a estudiantes de primaria.

"Mi nombre también es Belice" ella había escrito mostrándole unas uñas cortas pero que parecían estar siempre llenas de suciedad al igual que los guantes de cuero que rodeaban sus manos.

"¿Dónde estás?" escribió mirando el lugar, la apariencia descuidada de su reflejo "¿Por qué todo luce así?"

Belice del otro lado del espejo miró a su alrededor y negó "Todo es así aquí, no estamos solos, debemos protegernos" le mostró palmeándose el muslo donde descansaba un arma.

"¿Protegerte de qué?"

De pronto vio la puerta del reflejo estallar y apareció un hombre vestido de traje, pero este estaba rasgado en el centro manchado de sangre seca y con las tripas moradas colgando, mostrando la cavidad de su abdomen vacía; su piel era casi verdosa y le faltaba la mejilla, dejando ver los dientes cerrados con fuerza mientras parecía gruñir y comenzar a correr hacia Belice; soltó un grito cuando el zombi se lanzó a atacar a su reflejo, pero ella sacó un arma y le voló los sesos de un disparo.

Belice volvió a tomar el cuaderno que ahora estaba salpicado con sangre negra y con un movimiento fluido limpió los restos manchando las hojas antes de escribir "De eso, caminantes".

No sabía estar conteniendo el aliento hasta que sintió sus pulmones arder y sus dedos dolieron sobre los anillos del cuaderno que apretaba con fuerza contra su pecho.

Con letra poco elegante logró escribir "¿Cuanto tiempo?"

"Comenzó una noche hace diez años, todo fue un alboroto, coches chocando contra otros, personas corriendo" leyó mientras su corazón saltaba a velocidad de un ferrocarril.

"¿Cómo sobreviviste?" su reflejo sonrió.

"No lo sé, solo recuerdo estar encerrada en una habitación a prueba de desastres con mucha comida, ropa y todo lo necesario para sobrevivir un par de meses, logré alargarlos a cinco, pero tuve que salir con una de las armas que encontré allí"

"¿Tus padres?" la mujer se mordió el labio y encogió de hombros.

"Quiero creer que están vivos en algún lugar"

Su reflejo pareció escuchar un ruido porque volteó a mirar hacia atrás antes de escribir "Ellos vienen, debo destruir esto antes de que crucen a tu mundo perfecto" 

Temiendo por su reflejo negó repetidas veces. 

En el momento que Belice de rizos sacó la espada y golpeó el vidrio, esta cruzó hasta su dimensión, asustándola, haciéndole soltar un grito. 

—Silencio —escuchó su voz, pero esta no salía de su boca—, ellos te escucharán —miró asustada a su reflejo—. Intenta romperlo de tu lado.

Con las manos temblándole, Belice tomó un sujeta papeles pesado y lo lanzó, cruzando al otro lado. 

—Ven —pronunció asustada—, cruza —dijo alzando la mano, tocando el vidrio que se movía como ondas; logró traspasar el velo, sujetando la mano de su reflejo, tirando para que estuviera con ella; instantáneamente, Belice del espejo estuvo a su lado empuñando la espada.

—Ellos lograrán cruzar —pronunció—, no sé en cuantas partes esté pasando esto, pero ahora tu mundo será infestado también. No corras —le dio un arma que era pesada; con manos frías la sujetó mientras le temblaba el pulso—, solo dispara en la cabeza.

La puerta volvió a abrirse y cuatro personas iguales al zombi anterior les miraron antes de correr hacia ella; Belice rogaba que no lograran cruzar, pero lo hicieron; instintivamente presionó el gatillo y derribó a uno mientras su reflejo en un movimiento fluido desgarraba el cuello de dos y cortaba la mitad a otro.

—Este es el comienzo, debemos buscar comida y un refugio seguro donde podamos proteger a tu familia. Cámbiate por un pantalón de mezclilla, zapatos cómodos con los que puedas correr y una cazadora que te abrigue, pasaremos mucho frío —congelada por lo que se vendría se quedó allí sin pestañear—. Ahora —rugió su reflejo mientras otro zombi corría hacia ellas. 

Belice se deshizo del zombi con rapidez mientra ella se vestía. Tomándole de la mano, su reflejo la llevó a buscar a su familia; en el instante que se encontraron gritos llenaron el ambiente mientras que en la calle comenzaban a correr y el sonido de coches colisionando eran estruendos tan fuertes que podrían dejarles sordos. 

Ambos padres miraron a su reflejo paralizados, pero no tenían tiempo para ello.

—Síganme —farfulló Belice de rizos y les guió al sótano, a la habitación segura donde quizá ella había pasado sola los cinco meses. Cerraron las puertas justo a tiempo, un zombi golpeó aquella puerta reforzada.

De pronto Belice de rizos cayó al suelo llorando, creando una marca blanca en la piel sucia de sus mejillas.

—Todo estará bien —pronunció su padre rodeando a su reflejo, dejando por un momento a su esposa que era un mar de lágrimas que se acunaba el vientre abultado.

—No pude salvar a mis padres —susurró entre hipidos.

—Vamos a cuidar de ti —su madre se acuclilló temblorosa y rodeó a la joven. 

Endureciéndose, su reflejo se puso de pie. 

—Deben aprender cómo manejar las armas.

—Enséñanos —Belice dijo recogiéndose el cabello en una trenza apretada.

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