Un día en otros zapatos


¿Qué sucede cuando un Dom se queda a solas con una bebé de cuatro meses?

Keith estaba a punto de saberlo.

 —Quédate con ella un par de horas, tengo asuntos que resolver  —Amy le sonrió mientras terminaba de vestir a su pequeña hija.

 —¿Cuáles son esos asuntos?  —Keith se cruzó de brazos mirándolas desde el umbral de la puerta.

 —Cosas de mujeres  —se encogió de hombros y levantó en brazos a Lisa, depositando muchos besos en sus sonrosadas mejillas.

 —Debo saberlo, muñeca, siempre debo saberlo  —ella bufó y negó entregándole a Lisa.

 —Lisa nació hace cuatro meses, casi cinco y me he dedicado a ser madre, esposa y ligeramente sumisa, en este momento necesito salir a respirar, tener un corte de cabello, manicura y otras cosas, así que no me jodas con lo de "mamá de mi hija queda encerrada en casa", porque verdaderamente me cabrearé contigo  —Keith la miró fijamente con sus ojos claros mientras fruncía los labios.

 —Cuida la forma en que te expresas, muñeca, porque seré yo el que se cabreará y te castigará; puede que haya perdonado tu forma de expresarte todos estos meses, siempre lo he atribuido a las hormonas, pero termina ahora.

>>Puedes ir, nunca he negado que puedes salir a consentirte, mucho menos ahora que Lisa nació  —le vio depositar un beso en la frente de Lisa, sonriéndole a la niña.

>>Te quiero aquí al anochecer  —Amy se acercó a él sonriéndole antes de pararse en la punta de los pies y darle un beso en los labios.

 —Lo siento, solo estoy un poco estresada, prometo regresar y consentirte mucho.

 —Diviértete, saludos a Izz, mi madre y tus amigas que pierden la cabeza con un martini.

—No te burles de Primm y Carlie, son mis mejores amigas  —le sonrió.

—Intentaré no hacerlo  —volvió a besarla.

—Disfruta de papá, pastelito —acarició la mejilla de su hija y tomó su bolso.


Ella se había ido, y por primera vez Keith sintió pánico, nunca se había quedado completamente solo con su hija o algún otro bebé.

—Ahora solo somos tu y yo —la hermosa niña muy parecida a su madre le sonrió antes de llevarse la mano a la boca—, espero que seas un pequeño angelito de la misma forma que lo eres con tu madre —ella se rió a carcajadas de él. Su propia hija se burlaba de él.

>>Vamos, no es divertido —se dirigió a la sala de estar donde casi siempre encontraba cosas de Lisa, tanto para su entretenimiento como cambio de pañales. 

>>¿Cómo desperdiciaremos la tarde? —Lisa abrió más sus expresivos ojos azules grisáceos— ¿Algo de televisión? ¿Boxeo? sí, también lo pensaba. 

Se sentó en el sofá y la sentó en su regazo, rodeándola con un brazo, entregándole el sonajero con la otra antes de encender la televisión; no pasó mucho tiempo antes de que la casa se viese rodeada por el sonido de los gruñidos y golpes de los luchadores, asustando a Lisa, provocando que comenzara a llorar pronunciando "ma - ma" una y otra vez, obligándole a cambiar de canal y ponerse de pie acunándola contra su pecho, intentando calmarla.

—No llores, pequeñita —murmuró presionando el número de Amy.

—Hola —escuchó su voz en el altavoz seguido de risas como fondo.

—Llora, no quiere detenerse.

—No tiene ni una hora fuera —escuchó a una de las amigas de Amy, seguida de muchas risas. 

—Cámbiale el pañal y no veas ningún programa que tenga ruidos fuertes, la asustarás.

—Debiste decírmelo antes —murmuró—.¿Qué hago para calmarla?

—Habla con ella mientras caminas y le frotas la espalda; aproximadamente en media hora querrá su biberón. 

—Está bien. Regresa pronto.

—¿Keith?

—¿Sí? —susurró al mirar hacia su pecho, encontrando a su pequeñita dormida mientras se aferraba a su camiseta.

—Gracias por todo —él sonrió.

—Cuando quieras, muñeca.  

—Te amo —susurró Amy.

—Te amamos, Keith —pronunciaron todas las mujeres.


Completamente aburrido se acostó en el sofá con la bebé sobre el pecho, bajando el volumen casi al mínimo, observando otra pelea. 

No supo el momento en que se quedó dormido, solo que despertó por el llanto de Lisa mientras se chupaba la mano acostaba bocabajo contra su pecho. 

—Solo quería cinco minutos más —murmuró enfurruñado, bostezando. 

>>¿Tienes hambre? —la niña gorgoteó entre gimoteos— ¿Qué te parece algo de pizza? —Lisa volvió a responderle— ¿Muy pesado para ti? ¿crees que tu mamá se enojará? —quizá fue escuchar hablar de Amy o algún otro motivo, pero Lisa comenzó a llorar más fuerte.

Suspirando se puso de pie y les guió a la cocina, acomodándola en el tan amado columpio, presionando el botón para que este comenzara a moverse, calmándola, distrayéndose con los móviles de conejitos, porque sí, ella también se había enamorado del señor Tail y de absolutamente todos los conejos parecidos a él. 

—Creo que también necesitaré días libres, pequeñita —respondió a los muchos gorgoteos de Lisa, que intentaba estirarse para tomar los colgantes mientras él preparaba el biberón.

>>¿Qué te parece si mañana pasas la noche con los abuelos? Así verás a tu abuelo cascarrabias, el que te malcría demasiado, y podrás atormentar a Damien por una noche —Lisa rió apoyándolo.

>>Porque papi y mami necesitan tiempo a solas —le dijo a la niña, acogiéndola en sus brazos antes de subir las escaleras y acostarla en la cama—. Tú sabes, cosas de adultos —Lisa hizo un puchero mientras Keith le cambiaba el pañal—. No puedo decirte, pequeñita, nunca te diré y nunca lo practicarás, ¿me estás escuchando? me enojaré si me llego a enterar de que miras a alguien con otros ojos —Lisa hizo soniditos, respondiéndole, lo que él tomó como una promesa. 

La alimentó con intenciones de hacerle tener una siesta, pero sus cálculos habían ido mal y ella no quiso dormir, obligándolo a tomar el columpio y llevarlo al estudio para continuar con su trabajo. 

—Te quedarás allí mientras papá trabaja —la señaló—. Tienes prohibido llorar —la vio suspirar y concentrarse en los móviles,  ignorándolo.

>>No sigas el consejo de tu abuelo de volverme loco, Lisa, porque si lo haces ambos nos enojaremos —la niña gorgoteó respondiéndole.

>>Te doy permiso para que enloquezcas a tu abuelo, solo a Damien, Izz es muy buena para también soportarlo —abrió el plano a medio terminar. 

Las horas comenzaron a pasar lentamente mientras la música suave les rodeaba, porque él se había visto obligado a dejar de escuchar rock pesado cuando sus mujeres estaban a su alrededor.

Todo transcurría perfectamente hasta que Lisa se aburrió y comenzó a llorar, haciendo pucheros. Hizo todo lo que sabía para calmarla, hablarle, tomarla en brazos, frotarle la espalda, cambiarle el pañal, jugar con ella, incluso pensó en llevarla a dar una vuelta, pero iba caminando a mitad de la manzana y no existi fuerza terrenal que la calmara. 

—¿Qué es, pequeñita? —preguntó completamente estresado— ¿Qué te duele? ¿Qué quieres? —Lisa continuó llorando— Habla conmigo, pequeñita.

Acababa de cerrar la puerta cuando esta se abrió mostrando a Amy con un nuevo corte de cabello y algunas bolsas de compras en las manos. 

—Gracias a Dios que llegas —dijo en un suspiro. Amy le sonrió colocando las compras en el sofá. 

—Veo que no les va muy bien —se paró en la punta de los pies depositando un beso en sus labios antes de inclinarse para estar frente a frente a la bebé.

>>Hola, mi amor ¿cómo te ha tratado papá? —Lisa hipó—. Ven, pastelito —la tomó en brazos y la niña le buscó los pechos— ¿papá no te ha dado el biberón? 

—Mierda —murmuró golpeándose la frente con la base de la mano mientras Amy lo miraba de reojo.

—Entretenla unos minutos mientras me ducho.

—¿Le doy el biberón? —preguntó mirando a la bebé llorar con más fuerza.

—No —le entregó a Lisa y fue mucho peor el llanto.

—Tranquila, pequeñita, ya viene mamá. 

Simplemente no existía calmante, haciendo que él quisiera cubrirse las orejas para no imitarle. 

Intentando que llore menos, subieron a la habitación y comenzaron a pasear alrededor, sin embargo nada la calmó hasta que Amy se sentó recostada al cabezal de la cama, abrió la toalla descubriendo los senos llenos y tomó a Lisa, que supo qué buscar automáticamente. 

—Adoro que hayas aprendido a ducharte con rapidez —dijo tumbándose a su lado, mirando cómo amamantaba a la pequeña que le miraba de reojo como si le reclamara, diciéndole que alimentarla debió ser su primer intento. 

—Mamá hace lo que debe hacer —dijo Amy sonriéndole, pasando los dedos entre sus cabellos, llevándolo a cerrar los ojos.

—Ha sido una tarde pesada para los dos —Amy rió.

—Pero si ella es un angelito —tocó la punta de la nariz de la bebé. 

***

Tarde en la noche, Amy se encerró en la habitación, arregló su cabello y vistió lencería sensual roja con medias a medio muslo y zapatos de tacón; bajó al despacho y se aclaró la garganta luego de abrir la puerta, llamando su atención; al instante le vio observarle con atención de pies a cabeza. Se acercó a él.

—Debo cumplir mi promesa de consentirte.

—Esta noche estoy ocupado —respondió regresando la atención al computador. Enfurruñada cerró el computador, lo tomó de la camiseta y tiró de él escaleras arriba. 

—Solo quiero un poco de atención —murmuró haciéndole un puchero—; ¿también quieres que llore? , porque lo haré. 

En el instante que Keith se quitó la camiseta supo que había ganado. 

Amy se arrodilló y le ayudó a quitarse los zapatos y medias, siguiendo por el pantalón, dejándolo en bóxer.

—Mr. Daniels, acuéstese bocabajo, por favor —él negó sonriéndole antes de hacerlo.

>>Se ha esforzado tanto —se sentó a horcadas al nivel de su espalda baja y comenzó a darle un masaje—. Pobre Mr. Daniels —depositó besos a lo largo de su columna—, ha tenido un día muy duro. 

Le escuchó respirar profundo y se inclinó para mirarle el rostro, encontrándole completamente dormido; ella quiso reír a carcajadas, pero se mordió el labio inferior acallando el sonido. 

—Pobre Mr. Daniels —depositó un beso en su frente—, una tarde con Lisa le ha agotado, no me imagino cómo lo llevaría teniéndola a su cuidado todos los días —le acarició el cabello antes de apagar las luces, cubrirles con la manta y acurrucarse contra él—. Buenas noches, Mr. Daniels.         

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6 comentarios

  1. Jajajaja como es posible que tanto demandan que es fácil cuidar a un niño, y Keith no puede ni con su propia hija??? Espero que valore eso ;)
    Besos gigantes!!!
    XOXO

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  2. Jajajaj pobre, y pensar q la mayoría d los hombres piensan q las mamas d niños pequeños no hacen nada

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  3. jajajajaj!! hombresss duros y se asustan con una bb!! me encantó !!!

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  4. Estuvo buena, para que sepan lo que se pasa cuidando niños, y tener todo perfecto jajaja. Me gusto este libro, aunque me parecieron excesivos los castigos, sobre todo las agujas, las bofetadas, la dureza de los azotes y no poder ir ni a la esquina sin permiso, susto!!!

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  5. Estuvo buena, para que sepan lo que se pasa cuidando niños, y tener todo perfecto jajaja. Me gusto este libro, aunque me parecieron excesivos los castigos, sobre todo las agujas, las bofetadas, la dureza de los azotes y no poder ir ni a la esquina sin permiso, susto!!!

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  6. Estuvo buena, para que sepan lo que se pasa cuidando niños, y tener todo perfecto jajaja. Me gusto este libro, aunque me parecieron excesivos los castigos, sobre todo las agujas, las bofetadas, la dureza de los azotes y no poder ir ni a la esquina sin permiso, susto!!!

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