A su Merced: Deseo - Capítulo 1

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Aswimi caminaba por las calles de Manhattan sintiéndose ligeramente triste, nunca creyó que en esa etapa de su vida estaría viviendo lo que vivía, llevaba un año en pelea legal y su desde hace cinco minutos ex esposo prácticamente le había dejado en la calle, todo lo que había comprado él se lo había arrebatado, y ahora tenía que buscar una compañera de piso porque Johanna, su mejor amiga se había casado hace tres días y ella no podría pagar el apartamento en el que vivía, tenía muchas deudas, sin contar que aún no había pagado los honorarios del abogado.

—Feliz cumpleaños —se susurró a sí misma mientras continuaba caminando, aferrándose con fuerza a su bolso para no romper a llorar, no podía llegar al trabajo con el maquillaje corrido; mucho menos cuando le había costado un mundo conseguir uno luego de tener cinco años siendo solo ama de casa—. Estúpido pedazo de mierda —farfulló; el hombre que caminaba en dirección contraria levantó la cabeza y simplemente no pudo respirar, era él, el hombre del que había estado perdidamente enamorada en la secundaria, el mejor amigo de su hermano mayor. Había cambiado poco, seguía siendo caliente, sus ojos eran oscuros como la noche al igual que su cabello corto, pero lo más caliente era la barba en forma de candado; ni siquiera tuvo el valor de mirar su cuerpo, antes había tenido músculos lisos y no quería saber qué tan mejor estaba. Volvió a inclinar el rostro para seguir su camino, esperando que no le hubiese reconocido, sin embargo una mano se aferró a su antebrazo, haciéndole sobresaltarse, rompiendo toda esperanza.

—¿Aswimi Williams? —volteó a mirar y él estaba allí, sonriéndole como siempre hacía.

—¿Sí? —actuó sorprendida, tirando del brazo que le sujetaba para disimuladamente pasarse la mano por el cabello, evaluando el nivel de desastre en el que se encontraría.

—No puedo creer que no me reconozcas —él se colocó una mano en el pecho aparentando estar dolido—. Me has golpeado aquí —hizo un mohín.

—Lo lamento, pero no recuerdo quién eres —se encogió de hombros, intentando quitarle importancia, algo que en su ritmo cardiaco gritaba ‘importante’.

—Soy Chase Collins, el mejor amigo de Tim, el que te llevó al baile de graduación —una vez más contuvo la respiración, no quería recordar aquella noche en especial, estaba suficientemente hundida en la mierda como para llegar más profundo.

—¡Oh! —sonrió— Chase, claro que me acuerdo de ti. Creí que estabas en Italia con Tim —él negó.

—Estuve, pero se terminó mi contrato con la revista, así que ahora estoy trabajando para Vogue.

—Eso es perfecto —sonrió y miró a los lados notando que obstaculizaban el camino—. Disculpa, pero debo irme —mintió señalando la dirección contraria a la cual se dirigía; no quería tener contacto con él, su pasado simplemente terminaría de aplastarla.

—No, espera un momento, quiero hablar con alguien, soy nuevo en la ciudad —le vio pasarse la mano por el cabello y fue inevitable notar los músculos debajo de la chaqueta de cuero café.

—Yo… —se encontraba lo suficientemente aturdida por su cuerpo como para reaccionar con rapidez y desaparecer; fue muy tarde cuando lo intentó.

—Vamos por un café —Chase volvió a sujetarle del brazo y caminó delante de ella, guiando el camino, haciéndose paso por la marea de personas, haciéndole tropezarse un par de veces; no le liberó hasta que estuvieron en una cafetería, dejándole sentada en una mesa, llevándose su bolso con todos sus documentos, usándolo como ancla para que le esperase mientras él iba por las bebidas.

Con el corazón aleteándole con fuerza, rebuscó en los bolsillos de su chaqueta de traje por su teléfono celular y envió un mensaje de texto a su compañera que estaba cubriéndole, indicándole que no estaba bien, que haber firmado los papeles del divorcio había terminado de enfermarle.

—¿Todo está bien? —preguntó colocando una taza frente a ella.

—Sí, solo comunicaba en el trabajo que no podría ir por el resto del día —él sonrió victorioso, y ella temió a aquella sonrisa que le había engatusado por mucho tiempo en su adolescencia.

—¿Así que has librado todo tu día por mí? —ella arrugó el entrecejo y negó mientras su sonrisa se hacía más presente.

—No, no me siento bien.

—¿Qué sucede? —le tomó la mano sobre la mesa y Aswimi la alejó con rapidez, sintiendo que su tacto le había quemado.

—Nada —se encogió de hombros y miró el café latte, sorprendiéndose de tener uno, no el simple café negro. Levantó el rostro encontrándose con su mirada.

—¿Qué es?

—Estoy pensando en dónde encontrar a una compañera de apartamento, mi amiga se casó y no podré pagarlo por mi cuenta —habló sin pensarlo, esa era una de sus tantas preocupaciones de “persona adulta”.

—Creí que te habías casado —en ese instante su orgullo fue golpeado con fuerza por milésima vez en el día.

—¿Quién te lo dijo? —susurró llevando las manos bajo la mesa, intentando esconder la ausencia del anillo; sintiendo que el dolor iba a arremeter con fuerza, las cerró hasta tener los nudillos blancos, tratando de que su vida revuelta no llegara a su voz.

—Ahora veo que tú no me invitaste —la mirada de Chase mostró que le había golpeado saber que ella no fue quien le envió el muy perfecto sobre—, quizá fue tu madre —terminó encogiéndose de hombros quitándole importancia mientras revolvía su café.

—Estabas en Londres trabajando y no creí que te importara, eres el amigo de mi hermano, no mío.

—Creí que éramos amigos, fuimos juntos a tu baile de graduación —al terminar la frase sus ojos se encontraron y la ira salió a flote. 

—Porque tu novia te dejó plantado y no querías quedar como idiota por haber viajado desde Los Ángeles en coche y tener listo el esmoquin, por eso te ofreciste a llevarme; incluso me compraste el vestido para mostrarle a ella que de todas formas ganabas —se le hizo un nudo en la garganta cuando el recuerdo la golpeó, había estado ilusionada cuando le invitó, incluso cuando abrió la puerta y lo encontró sosteniendo un corsage de orquídea; mucho más en el momento que le llevó al baile en su coche, pero cuando hubieron llegado lo notó, él miraba a su ex, cada vez que se mostraba lindo con ella, la miraba a ella; cuando le sonreía, en realidad no era para ella.

Su piel se erizó al recordar después de la fiesta, cuando él le pidió ir a un hotel porque no podría llegar a casa en su estado de borrachera; por un momento le creyó, pensó dejarlo allí e ir a casa en un taxi, pero él le tomó la mano y la llevó al interior del hotel; estando en la habitación la miró con adoración, la besó con ternura y le hizo olvidar las miradas que había tenido con su ex, simplemente la sedujo, la envolvió en una burbuja de dulzura y mentira, llevándola a entregar su virginidad. 

Cuando él se hubo dormido su celular comenzó a sonar en su pantalón, ella se levantó envuelta en una sábana y lo tomó, leyendo el mensaje de texto donde su ex le respondía “No me importa que estés con la gorda esa, ya eres mi pasado”. Aswimi se vistió y fue a casa en el coche en mitad de la noche, su vuelo despegaría en cinco horas y ella podría ser una idiota en New York.

—No creí que tuvieras esa idea de mi —Aswimi miró su reloj.

—Es tarde, debo irme —pronunció con la voz entrecortada—. Fue bueno verte nuevamente —se estaba levantando cuando él le tomó de la mano.

—Cuando fui a buscarte tu madre me dijo que te habías ido —miró la mano que le sujetaba y luego levantó la mirada a su rostro.

—Debo irme, y —sonrió amargamente y se encogió de hombros— eso ya no tiene importancia, éramos unos adolescentes.

—Ni siquiera has probado tu latte, recuerdo que te gustaba —apretó con fuerza la mano libre, deseando que todo desapareciera, que no existiera pasado alguno. 

>>Lamento haber sacado a colación algo tan incómodo —él pasó la mano por su cabello—. Quédate, por favor —con renitencia se sentó y él le liberó la mano.

—Cuéntame, ¿Qué tal ha estado tu vida? —se obligó a preguntar intentando decirse a sí misma que no le importaba, que fue pasado.

—No me ha ido mal, ser fotógrafo resultó ser bueno para mí, me ha permitido viajar.

—Es lo que querías hacer, lo que planeabas con Tim —Chase asintió y tomó un sorbo de su café.

—Disculpa —él volvió a tocarle la mano sobre la mesa—, pero no puedo sacármelo de la cabeza. ¿Si estás casada, por qué estás buscando compañera? —sin querer, un mohín tocó sus labios mientras se alejaba de su toque una vez más.

—Creo que puedes intuir que me he divorciado —Chase rió y asintió.

—Puedo lucir como un tonto, pero no lo soy, a lo que me refiero es que tu hermano no me comentó nada —Aswimi se mordió el labio inferior, tomando una profunda inspiración.

—Nadie más lo sabe, mis padres gastaron demasiado en esa boda como para decepcionarlos así.

—¿Qué pasará en las festividades cuando él no vaya a San Francisco? —se encogió de hombros.

—Les diré lo mismo que he dicho los dos últimos años. Que él tiene mucho trabajo.

—Eso es mucho tiempo —tomó un sorbo de su latte, disfrutando el sabor, llevaba cuatro meses sin tener uno, ellos no le ayudaban a perder peso.

—Puedo con ello —respondió mientras su mente le gritaba que debía darle punto final a esa mentira, nadie le creería si no tenían muestras de su “eterno romance”.

—Te propongo algo —sorprendida por el cambio de tema le miró y él sonreía una vez más.

—Dime —estuvo feliz por el cambio, no quería pensar en ese momento, solo disfrutar de un pecado como el latte.

—Ya que buscas con quien compartir el apartamento, yo puedo quedarme contigo mientras consigo un lugar propio y así cubro mi parte —nerviosa se pasó la mano por el rostro. 

—No creo que sea buena idea —negó, sintiendo la piel erizársele como presagio del error que vendría si aceptaba.

—Vamos, nos conocemos desde niños, he sido tu vecino desde que tengo memoria, recuerdo verte usando pijamas de muñequitos —sus mejillas se sonrojaron de vergüenza al pensar en él recordándole con esos pijamas absurdamente rosas.

—No creo que te guste el lugar en el que vivo, solo tiene una habitación y yo tengo el sofá, tendrías que compartir conmigo el armario y algunos cajones.

—Vale —Chase aplaudió asustándole, provocando que diera un respingo—, lo tomo, pero me quedo con el sofá.

—Chase…

—Chist, ya elegí —se levantó y la tomó de la mano—. Vamos a ver mi nuevo apartamento.

Arrepintiéndose desde ese instante, se dejó llevar hasta el hotel en el que él se hospedaba, recogieron sus maletas y se dirigieron a su apartamento.

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2 comentarios

  1. Chase defitivamente se empreña en estar con ella... pero ella no se deja ni hablar.... espero que la convenza ;)
    Besos gigantes!!!
    XOXO

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  2. Como ocurre siempre q leo uno de tus libros ...este ya me atrapo...vas a seguir subiendo ?

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