Otro segundo, por favor

by - 22:49



¿Qué sucede cuando despiertas en tu habitación con un hombre desnudo? 

La misma pregunta me hacía mientras lo observaba con el pecho descubierto, la sábana le cubría la entrepierna, lo que podía agradecer porque era muy consciente que al apagar la luz la noche anterior estaba completamente sola en mi habitación, incluso la puerta tenía pestillo puesto, sin embargo allí estaba, con un hombre que solo había visto en fotografías y vídeos, que vivía en un país muy lejos del mío y ni siquiera hablamos el mismo idioma. 

Esto debía ser un sueño, mi mente jodidamente lo sabía, pero debía tocarlo, tenía curiosidad, sin embargo, primero pellizqué mi brazo, sintiendo dolor, haciéndome dudar de si se trataba de un sueño o no, pero todo era tan irreal, un hombre tan caliente como él no podría estar en mi cama. 

—Sé valiente —me dije a mi misma mientras miraba su pecho subir y bajar, su piel ligeramente bronceada me llamaba a tocarlo, las manos me pedían hacerlo, así que estiré la mano y toqué su abdomen.

¡Demonios! Gritó mi mente cuando su piel caliente tocó mi mano fría por los nervios, los músculos se sentían duros. Sin podérmelo creer me cubrí el rostro con las manos.

—Despierta, despierta —susurré una y otra vez, separando los dedos para poder mirar entre ellos, encontrando al hombre aún dormido en mi cama—. Es una locura, despierta, despierta. 

—Ya desperté —murmuró con voz enronquecida e inglés, haciéndome soltar un grito y levantarme, notando por primera vez que mi ropa también había desaparecido; mis mejillas se tornaron calientes y de seguro estaban rojas—. ¿Estás bien? —él preguntó mirándome con ojos adormilados, haciéndolos lucir de un dulce café. Él sonrió, aquella hermosa sonrisa que incluso en fotografías me hacía sonreír tontamente; pero en ese momento me encontraba intentando ocultar mi desnudez. 

—¿Qué haces aquí? —pronuncié en su idioma mirándole cruzarse de brazos, recostándose contra la madera del espaldar de la cama.

—Vivo aquí —eso estaba realmente jodido, completamente imposible.

—Esto ya no es gracioso —tiré de la sábana y me cubrí con ella—. Debes desaparecer para permitirme despertar —él se encogió de hombros cubriéndose la entrepierna con una almohada. 

—No es un sueño —reí nerviosamente, comenzaba a perder la idea de lo que era real y lo que no, quizá no era un sueño. 

En ese instante todo se volvió borroso en mi mente, solo fui consciente de ir por la calle con él tomándome la mano, sujetando la correa de Joe con la otra, incluso el jodido perro parecía tan real con su pelaje amarillo con café.

—Nick —me atreví a pronunciar, él volteó el rostro y me sonrió.

—¿Cariño? 

De pronto todo a mi alrededor comenzó a oscurecerse, convirtiéndose en nada, consumiéndolo hasta hacer desaparecer absolutamente todo, incluso yo lo hice. 

Abrí los ojos y me encontraba en la oscuridad de mi habitación, el reloj marcaban las tres de la madrugada. Sonreí tontamente y volví a cerrar los ojos.

***

Es muy fácil perderme; literalmente estaba perdida en una ciudad que no era la mía, o al menos no era un sector que yo conociera; todos rostros desconocidos, hombres altos y musculosos jugaban baloncesto, hablando inglés, gritándose órdenes de robar el balón, de cubrir los espacios vacíos. 

Sabía que debía llegar a un lugar, pero lo había olvidado, solo caminaba por un sendero rodeado de arboles, siendo una pared natural, dejándole sin escape, solo caminar en línea recta observando a los hombres jugar. 

Me aferraba a una mochila mientras seguía el camino a paso lento, admirando los cuerpos, la testosterona haciéndose presente en ellos, haciéndolos llamativos al ojo femenino.

—¡Hey! —un hombre pronunció. 

Sabía que no era a mí, pero instintivamente volteé, descubriendo que sí me llamaban, Nick corría en mi dirección mientras sus compañeros de juegos le miraban. Era imposible que él se dirigiera a mí, por lo que miré detrás y no encontré a nadie, confirmando que pretendía hablarme.

Extraño, esa era la palabra para describir el momento. Me crucé de brazos y seguí caminando, de pronto el camino se cortó a una baranda que daba paso a un río, cortando mi ruta de escape.

—Finalmente te alcanzo —Nick pronunció.

—¿Sí? —pregunté desconcertada; una celebridad quería hablar conmigo. 

—¿Puedes explicarme por qué todos me llaman Benjamin? —comprendí porqué su necesidad de hablar conmigo, pero seguía sin tener lógica.

>>Mujeres han ido a mi casa a tocar la puerta con látigos en las manos llamándome Master —mis mejillas se sonrojaron pero seguí sin tomar la responsabilidad.

—No lo sé.

—Una de ellas me mostró un libro a tú nombre —me mordí la lengua y sonreí—. Con ayuda de traductores pude terminarlo; el tal Benjamin es pervertido —en ese momento comencé a reír mientras quería lanzarme al río para evitar la vergüenza.

—Eres caliente —pronuncié en un hilo de voz—, y tienes características de él, así que te elegí como una imagen referencial —él sonrió y mi corazón se derritió. 

—Vamos —dijo sujetándome la muñeca, tirando de ella. 

—¿A donde? —Nick volteó y me sonrió.

—A practicar lo que dice tu libro. 

Abrí los ojos una vez más, encontrándome en mi habitación con la luz del día asomándose entre las cortinas borgoña. 

Había sido una noche movida para mi mente, centrándose en Nick Bateman.

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2 comentarios

  1. Me encantoooo!!!! Jajajaja, esos sueños se pueden volver realidad, no es malo soñar ;)
    Besos gigantes linda!!!
    XOXO

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  2. Jjaajajajajjjaj genial esos sueños inolvidables

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