Love, amor, amour: Capítulo 2

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Hayley soltó la mano al sentir una extraña conexión entre ellos e inmediatamente negó escondiendo las manos en el bolsillo del frente de su sudadera.

—Lo siento, pero estás equivocado, no tengo una cita con nadie excepto con la pizza que está por llegar —le vio sonreír y asentir. 

—Me gusta la pizza, y si es con piña, mucho mejor —él cruzó el umbral de la puerta sin ser invitado, desabrochando los botones de la chaqueta. 

—La piña en una pizza es un absoluto insulto para todo lo italiano —pronunció cerrando la puerta. 

>>¿Quién te envió? ¿Marie? —él le sonrió y sentó en el sofá. 

—Sí, una dulce mujer de cabellos rojos me envió aquí para ser tu cita, llevarte a cenar, bailar —se encogió de hombros—. Ella es agradable. 

—Ella te forzó, ¿verdad?

>>Sabía que haría algo así. Disculpa a Marie y Anthony por forzarte a venir, no necesito ayuda de nadie, no quiero una cita con nadie. La próxima vez que hables con ella y su esposo, dile que te mandé al infierno —volvió a abrir la puerta señalando al exterior donde de pronto comenzó a llover con fuerza. 

—Pareces ser una buena persona, sé que alguien como tú no me enviaría afuera, a mojarme, no tengo paraguas y he venido en taxi —Hayley lo miró detenidamente por lo que parecieron ser largos minutos. 

—Está bien —murmuró cerrando la puerta, suspirando—. ¿Quieres algo de beber? ¿Agua, cerveza, vino, cianuro, lejía? —él rió y el corazón de Hayley se agitó. Ella intentaba ser grosera pero parecía divertirle. 

—La lejía no es de mi gusto, deja un regusto horrible en la lengua, aceptaría el cianuro, pero esta noche no está como para algo tan suave. Aceptaré una cerveza —Hayley le dio la espalda antes de sonreír. 

Se dirigió a la cocina de donde trajo dos cervezas, tendiéndole una evitando tocarle, no quería sentir aquello nuevamente, ella creía en el amor a primera vista, el contacto eléctrico y todo eso, pero en ese momento le huía a ello. Se dejó caer en el sofá a su lado y miró su reflejo en el vidrio de la ventana, avergonzándose, era un completo desastre, ahora entendía por qué no le dijo para ir fuera, quizá creyó que le tomaría eternidades arreglarse. 

Suspiró y tomó un largo trago de su cerveza, tomando fuerzas para lo que sea que pasara. 

—¿A qué te dedicas? —preguntó él, pero le costó mucho a ella escucharle, la música inundaba su alrededor, lo que le obligó a tomar el mando a control y bajar el volumen. 

—Soy médico forense, hoy he traído algo de trabajo a casa, ¿quieres ver el cuerpo que mantengo en el congelador de la cochera? —lo miró fijamente unos minutos, el color había desaparecido de su rostro, le miraba como si hubiese perdido la cabeza, por lo que no pudo soportarlo más y comenzó a reír.

>>Soy contadora, trabajo para una empresa grande. Perdón por la broma, tenía que hacerlo —Michael levantó la botella y bebió de ella asintiendo. 

—Yo soy… un acompañante, me pagan por salir con mujeres hermosas —él le sonrió y ella no se lo creyó.

—Así que te pagaron por venir a acompañarme —asintió siguiéndole el hilo—, supongo que esto tiene sus ventajas, tu sabes, algo de acción en el dormitorio —le guiñó el ojo. 

—No, lamentablemente eso no está incluido en el paquete, solo acompaño a divertirse —estaba a punto de responder cuando sonó el timbre, obligándole a levantarse e ir por su cena. 

Abrió la puerta y encontró a Charles, el muchacho repartidor con los rizos que escapaban de su gorra, unos dulces ojos marrones y acné arruinando su hermoso rostro que comenzaba a dejar atrás los últimos rastros de la adolescencia. 

—Buenas noches, Hayley, traje tu favorita —ella le sonrió al joven.

—Lamento que te hagan trabajar con este clima. ¿Quieres entrar y tener un pedazo? —preguntó señalando el interior de la casa.

—Lo siento, tengo más pedidos, parece que la lluvia llama a los amantes de la pizza —Hayley rió y asintió entregándole el pago, dándole una propina de veinte dólares. 

—Gracias por trabajar con este clima.

—Por ver a señoritas tan hermosas como tú, vendría aunque lloviera fuego —ella rió mientras lo veía alejarse, sabía que no flirteaba con ella, lo había visto hacer lo mismo con todas las clientas, quizá por eso había podido comprar un coche menos antiguo. 

—¿Tendré que pelear con un niño por tu atención? —la voz masculina vino detrás suyo, podía sentir su aliento contra el cuello haciéndole estremecer, los vellos de sus brazos erizándose. 

—Quizá, ellos son más dulces —cerró la puerta, girándose con rapidez, chocando la caja de pizza contra su pecho perdiendo el agarre de esta, si Michael no hubiese sido rápido, esta hubiese sido un grave e irreparable daño a su cena. 

—No me has probado aún —Hayley sintió que sus mejillas se calentaba a medida que los pensamientos sucios inundaban su mente. 

—Es lamentable que no pueda descubrirlo ya que no está incluido en el paquete —suspiró dramáticamente, girando, dirigiéndose al sofá donde se dejó caer, abriendo la caja, el vapor que olía a queso, pasta de tomate y pepperoni le golpeó el rostro, haciéndole agua la boca. Olvidando que tenía visitas tomó una rebanada y la mordió, soltando un gemido que claramente hacía volar la imaginación hacia lo sexual. 

—Si hubiese sabido que escucharía un gemido así, la hubiese traído conmigo —sus mejillas se enrojecieron otra vez, siendo vergüenza lo que las teñía. 

—Quizá puedas escucharme gemir así en otra habitación haciendo algo muy diferente —soltó sonriéndole, jugando con él. Sabía que no lo volvería a ver, el noventa y nueve por ciento del tiempo ellos no volvían a llamar, el otro uno por ciento era ella quien los evitaba. 

—Será mucho mejor que un pedazo de pizza, lo puedo asegurar. 

Los minutos pasaron como si se tratase de una carrera de Fórmula Uno, solo los veía como un borrón corriendo frente a ella, mucho más con la película de acción que se reproducía en la televisión. Miraba la pantalla unos minutos antes de mirarlo a él de reojo siendo todo irreal, ella vistiendo ropa horrible, él aún permaneciendo a su lado. 

Su completa atención estaba en los soldados combatiendo a Rusia que se sobresaltó cuando música de rap llegó a sus oídos, siguiendo la música, volteó a mirar a Michael revisar su celular antes de levantar la mirada hacia ella. 

—Lo siento, debo irme —no entendió por qué, pero su corazón dio un latido doloroso. Dejando de lado ese extraño movimiento cardiaco, asintió y se puso de pie con él a su lado. 

—Fue una buena noche —él le sonrió y ella le imitó mientras otro estremecimiento golpeaba su corazón. 

—También la disfruté. 

Lo acompañó a la puerta y le miró salir a la lluvia revisando sus bolsillos, sacó lo que pareció ser una llave y al lado de la casa contigua las luces de un coche último modelo se encendieron haciéndole notar que le había mentido para que no lo echara. Al cerrar la puerta se dio cuenta que él nunca le pidió intercambiar números telefónicos, diciéndole fuerte y claro que sería parte del noventa y nueve por ciento que no la volvería a llamar, ello provocó que una nueva punzada dolorosa arremetiera a su corazón. 

Suspiró audiblemente tratando de quitarle importancia, se dirigió al refrigerador y sacó una botella de vodka, trayendo consigo un vaso con hielo. Se acomodó en el sofá, sirvió un shot y bebió antes de continuar con la película y lo que quedó de la pizza. 

Entrada la noche y con el juicio siendo borroso por el alcohol ingreso a su blog. 

Creo que el amor no es para todos, que un reducido porcentaje del mundo está tachado con una grande, horrible y muy roja X para que se queden solos, adopten mascotas desamparadas haciendo el mundo algo mejor para los animales pero una mierda para las personas.         

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4 comentarios

  1. Por favor! No puede quedar así!!! Espere casi un mes por esto, no nos tortures y saca más capítulos!
    PD: para cuando el segundo de juegos de poder?

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  2. Ya me dejaste metida del todo esperando masssss

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  3. Me encantó el segundo capitulo¡¡¡

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  4. Por favor no me dejes así eta muy bueno.

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