Love, amor, amour: Capítulo 4

by - 23:29



Hayley miraba su estado de cuenta en línea, prácticamente sus ahorros habían desaparecido, había enviado por la borda diez mil dólares dejándole solo con quinientos dólares en los bolsillos. Adiós deseo de viajar por varias partes del mundo, “vivir la vida”. 

—Perdiste la cabeza —dijo a su reflejo en la pantalla del computador—, eso no sanará tu ego herido y perdiste todo los ahorros. Pudimos recuperarnos navegando en Venecia. 

Frustrada se levantó del sofá y dirigió a la cocina, sacando del refri una botella de vino barato con una selección de quesos y frutas. 

—Es lo más lejos que estaré de Francia bebiendo vino delicioso, no esto. 

Con su estado bancario frente a ella rió, bebió vino y comió intentando que la comida le ayudara a descifrar qué demonios iba a hacer con todo el dinero que había tirado a la basura, en si verlo o no. 

Estaba comiendo una uva cuando su celular sonó haciéndole atragantarse, costándole respirar, su cuerpo activando los mecanismos de emergencia para ayudarle, es decir, toser hasta eliminar el cuerpo extraño o morir en el intento. Para su suerte, le tocó la primera opción. 

Ya recuperada abrió el mensaje de texto. 

Bienvenida a Hot Date, mi nombre es Michael y estaré feliz de acompañarte a cualquier evento o una cita si así lo quieres. 

De pronto comenzó a reír imaginando los titulares: “Mujer desesperada por una cita muere por culpa de una uva”. 

—Necesito una mascota o terminaré loca —murmuró leyendo nuevamente el mensaje genérico que había visto en el teléfono de Marie. 

Con un poco de valor dado por el vino barato lo citó en un bar cerca de su casa; aún no sabía que haría o si se presentaría, pero quería respuestas. 

*** 

Dos días después Hayley se había esmerado en su apariencia, había pedido prestado a Marie un vestido que era una talla menos, zapatos de tacón de aguja, joyería y había peinado su cabello en suaves ondas enmarcando su rostro maquillado sutilmente que parecía apenas tocado por maquillaje, sin embargo había tomado un montón de tiempo y menjunjes. 

Esperó dentro del taxi hasta que lo vio ingresar al bar y le tomó cinco minutos darse valor antes de salir y caminar al interior del bar, localizándolo en una mesa, mirando su costoso reloj. Aferrándose con fuerza a la pequeña cartera caminó hacia él y sentó quedando frente a frente. Cuando Michael levantó el rostro notó la sorpresa brillando como luces de neón, la seguridad que lo caracterizaba fluctuó por un instante como si quisiera huir. 

—Mi nombre es Hayley, esta noche, eres mío por dos horas —ella le sonrió y levantó la mano a la camarera, ordenando para sí algo de valor liquido llamado mojito cubano. 

—Hayley —él pronunció cuando estuvieron solos—, ¿Cómo…? —ella se encogió de hombros ante la pregunta inconclusa. 

—Cuando me enteré me sentí herida, que habían jugado conmigo, pero, luego vi que no había razón para ello, no mentiste, dijiste lo que hacías, yo lo malinterpreté. Así que gasté mis ahorros para tener la experiencia completa, después de tener mi bebida iremos a bailar y si alcanza el tiempo quizá cenaremos en un restaurante costoso —se encogió de hombros antes de mirar su reloj—. Se pueden hacer muchas cosas en ciento cinco minutos. 

Luego de beberse el mojito de un solo trago dejó unos billetes en la mesita y se levantó de un brinco, sintiendo sus pantorrillas llorar por el tirón. 

—Es hora de mover un poco el cuerpo —caminó adelante sin voltear a mirar si él le seguía, se suponía que era su trabajo hacer lo que ella quisiera. 

Caminaron un par de cuadras e ingresaron a una discoteca donde la música retumbaba en las paredes haciéndolo ensordecedor, imposible hablar de algún modo, lo que ella necesitaba. 

Hayley guió el camino hasta el centro de la pista donde comenzó a moverse al ritmo de la música electrónica, saltando, agitando su cabello —el que era muy probable que se tratase de una maraña esponjada— mientras sus tobillos y pantorrillas dolían como el infierno, estaba muy segura que el siguiente día no podría ni levantarse. 

Era temprano, pero poco a poco empezaba a llenarse el lugar, las personas comenzaban a apretujarse en la pista, empujándole más cerca de Michael hasta estar a punto de tocarse, pero ella se había prometido no tener ningún tipo de contacto físico con él, así que huyó a la barra donde pidió dos shots de tequila los cuales bebió con rapidez, estos quemando su garganta y estómago vacío. 

Con más valor líquido recorriendo sus venas, calentando sus mejillas y haciendo todo un poco menos real, giró dispuesta a regresar con Michael, sin embargo se golpeó con una pared de músculos antes de ser rodeada por unos brazos fuertes, los que no permitieron que cayera sobre su trasero y mostrara la ropa interior; al levantar la mirada se encontró con aquellas hermosas orbes azul ártico que le cortó la respiración e hizo su mundo tambalearse por un instante antes de estabilizarse y obligarse a empujarle con suavidad. 

—¿Estás bien? —pudo leer sus labios hechos para pecar. Intentando seguir con su personaje y dibujó en su rostro una sonrisa tonta y asintió. 

Hayley los dirigió nuevamente a la pista de baile, donde saltó y gritó sacando de su cuerpo toda la frustración que no sabía estar guardando, que se sentía asfixiante. 

Su cuerpo estaba sudoroso, sus piernas tambaleantes por el esfuerzo y el alcohol, su mente un poco más tranquila cuando el celular vibró dentro de la pequeña cartera que colgaba de su muñeca, alertándole que era momento de regresar a casa, así que dejó de mirar la camisa frente a él y se encontró con sus ojos, haciéndole señas. 

—El contrato dice que debes llevarme a casa —pronunció una vez fuera de la música ensordecedora—, aún tenemos treinta minutos para llegar, pero primero debo quitarme los zapatos —dijo saltando en un pie descalzo intentando quitarse el otro—, no estoy acostumbrada a estos —dijo mirándole, dedicándole la primera sonrisa genuina de la noche antes de comenzar a caminar—, no son míos, son de Marie, todo lo que estoy usando es de ella menos la ropa interior, esa sí es mía —dejó escapar una risa tonta—. Soy del tipo de chica que los hombres ven como “amigo”, los vestidos y faldas no son lo mío —su visión no era tan buena como estando sobria, así que no notó la piedrecilla en su camino y la pisó, chillando, comenzando a saltar en un pie, estando a punto de caer sobre su trasero por segunda vez en la noche. 

Un grito ahogado escapó de sus labios al ser levantada en el aire, acunada contra su pecho, sintiendo su respiración alborotar su ya desordenado cabello, el latir de su corazón era acompasado, muy diferente al suyo que parecía querer escaparse de su pecho y huir lejos. 

—Sigue hablando —por lo que parecía ser mucho tiempo escuchó su voz grave, llenando su cuerpo de sensaciones que no debía, quizá se debía a que Michael se veía y sonaba tan varonil y ella parecía llena de estúpidas hormonas que les gustaba eso. 

—Me gusta comer —susurró descansando la cabeza contra su cuello—, no puedo maquillarme y no tengo la paciencia para eso, amo los tenis porque puedo correr si un asesino o ladrón viene tras de mí, aunque mi físico estropearía mi huida —rió esperando tener una que le acompañara, pero no hubo nada, haciendo que su corazón se contrajera dolorosamente—. Todo eso Marie lo desaprueba —suspiró. 

>>Creo que ya notaste que no soy buena con las personas, nunca lo he sido —suspiró—. A veces dejo a mi imaginación volar, verme a mí misma como una mujer femenina usando tacones, vestidos hermosos, joyería y bolsos que no dejaré olvidados —rió—. Siendo sociable, teniendo todo lo que quiero, pero luego me obligo a regresar a la realidad, ser sociable no ha sido hecho para todos, me siento angustiada rodeada de muchas personas que tienen su atención a mí. 

>>Pudiera lucir más femenina si me lo propusiera pero soy una persona perezosa y ser femenina como la sociedad lo pinta toma mucho tiempo y esfuerzo. Hoy me esforcé para lucir así —bostezó— porque quería tener una pizca de la vida que según Marie debería haber y estar viviendo. 

>>Tú eres como la noche que el hada madrina permite tener a Cenicienta, una vez que las campanas suenen volveré a ser Hayley contadora profesional que le gusta ser perezosa y escribir blogs para las personas solitarias como ella. 

Al llegar a la casa la puso sobre sus pies e ingresaron, sintiéndose tenso el ambiente, quizá era debido a que le había incomodado o porque el alcohol comenzaba a dejar su sistema y recién se daba cuenta. 

Antes de que el valor escapara de su cuerpo levantó el brazo y miró el reloj. 

—Aún quedan quince minutos, ¿puedes acostarte conmigo? —inmediatamente vio el asombro y renitencia en su rostro haciendo que su corazón se sintiera rechazado nuevamente. Negó y sonrió—; no es lo que estás pensando, solo quiero guardar en mi mente cómo es irse a dormir con un hombre a mi lado —levantó las manos con las palmas hacia él—, no voy a tocarte de ninguna forma, solo estar tumbados en la cama hasta que suene tu alarma. 

Michael no respondió verbalmente, solo asintió y ella lo aceptó, dirigiéndose a su habitación, subiéndose a la cama sin importarle que sus pies estuviesen sucios. Él se acostó a su lado con la mirada hacia el techo, haciendo que su corazón doliese. 

—Podrías girar hacia mí —se forzó a decir—, no estás obligado a mirar, solo cierra los ojos. Será un instante, el tiempo está a punto de terminar. 

No pudo escuchar su voz nuevamente, le observó girar y sus ojos se encontraron un instante antes de que sus parpados se cerraran. 

Hayley levantó la mano y la acercó a su rostro, a su mejilla cubierta con una sombra de barba, acercándose tanto hasta sentir el calor de su piel sin tocarlo, sintiendo aquella electricidad cosquillear en su palma, haciendo estragos a su corazón maltrecho llevándole a colocar esa mano en su pecho intentando callar su dolor. 

—Adiós —pensó cerrando los ojos, escuchando la alarma llenar la habitación. No abrió los ojos hasta que la puerta principal sonó, permitiendo que un par de lágrimas escaparan. 

Luego de una ducha rápida encendió el computador y escribió por primera y única vez aquel corazón roto. Marie debería estar feliz, había tenido la experiencia que según ella haría más rica su vida. 


El amor es impetuoso y voraz, se adentra en el corazón con una velocidad inigualable sin importar si solo fue un cruce de miradas o el roce accidental; te consume con una rapidez que si no existe aquel amor que ayude a controlarlo, este tomará cada parte de ti hasta convertirte en nada.

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He demorado una eternidad en publicar algo, pero espero que les guste. 

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2 comentarios

  1. Por lo menos ahora Michael sabe que ella lo conoce y sabe lo que hace, pero si es muy triste que ya no lo vaya a volver a ver, o Si????
    Besos gigantes!!!!
    XOXO

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  2. Que dolor siento es vació que ella experimenta de la soledad y la entiendo muy bien para ella espero que encuentre eso lo que espera en la vida y no pierda la esperanza algunas ya lo hemos echo

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